El Tribunal Constitucional da la razón a la Iglesia

Leo en Atrio una noticia que es de esperar ponga fin a polémicas sin cuento y sin sentido sobre los profesores de Religión.

El Tribunal Constitucional ha reconocido la plena constitucionalidad de la separación de la docencia de la religión católica a una mujer que se había divorciado de su marido y vivía ahora con otro hombre.

Ha quedado pues claro que los profesores de religión católica han de enseñar lo que la Iglesia enseña y vivir en coherencia con la doctrina de la Iglesia. Y si eso no ocurre puede el obispo retirarles el placet docendi.

Y lo mismo ocurrirá, supongo, con un profesor de la religión musulmana. Que no podrá hacer gala de comer ante sus alumnos unas lonchas de jamón regadas con un buen vino, negar que existe un único Dios y que Mahoma es su profeta o, si es mujer, presentarse a dar clase en mini short y top.

Porque para lo que está, y designado a dedo, es para enseñar religión católica, evangélica, musulmana o judía y no lo que al profesor se le ocurra. Y así como la inspección en un colegio o instituto podrá sancionar al profesor de matemáticas que se dedique a enseñar literatura o al de Historia que en sus clases imparta química, el de religión católica tiene que explicarla conforme quiere la Iglesia, que es quien le nombra, y vivir de una forma que no choque abiertamente con lo que enseña.

Esperemos que esta decisión del Constitucional corte de raíz las pretensiones de algunos que, designados por el dedo del obispo, pretenden hacer de ello una sinecura funcionarial permanente análoga a la de otros profesores que llegaron a la docencia tras el gran esfuerzo de ganar una oposición.

Pues ya saben los profesores de religión a lo que están. Y si a alguno no le gusta que haga una carrera civil, se presente a las correspondientes oposiciones y las gane. Ahí nadie les va a decir nada si son divorciados, si viven con pareja del mismo o distinto sexo o si son los clientes más asiduos y públicos del puticlub de la localidad.
Volver arriba