Un año del motu proprio.

Mañana, a las 11 horas, como todos los domingos, se celebrará en el monasterio de las Salesas, del Paseo de San Francisco de Sales, la misa por el rito extraordinario con conmemoración especial del primer aniversario de la decisión de Benedicto XVI liberando a la misa tradicional del ostracismo que tantos pretendían y todavía pretenden.

Yo, que participo sin problema alguno del rito ordinario y que desde septiembre de 2007 sólo he asistido en una ocasión a la forma tradicional, voy a acudir a las Salesas en solidaridad con todos los que con tanto esfuerzo y tan contracorriente han conseguido que esa forma venerable de decir la Santa Misa siga teniendo presencia, aunque mínima, en España.

No se trata de introducir divisiones ni de declarar mejores o peores a unos o a otros. Me parece absurdo arrojar la Santa Misa cual si una piedra fuera a la cabeza de otros hermanos. Cada uno verá que forma es la que le acerca más a Dios y esa es la que debe frecuentar. O ambas, si el caso fuere. Como me ocurre a mí.

La división en la Iglesia no la introduce quien prefiere un rito al otro. Los que rasgan la túnica inconsútil de Cristo son los que no creen en su divinidad, en su resurrección, en la virginidad de María, en su concepción sin mancha... Esos son los que dividen.

Mañana me voy a sentir muy próximo a todos los que pese a tanta incomprensión y tanto obstáculo ofrecen a Dios el santo sacrificio según el modo extraordinario. Inolvidables hermanos de Galicia, queridos catalanes, sevillanos, murcianos, amigos de Una Voce Málaga... Y también, porque el Santo Sacrificio es único, a todos los millones de católicos de España que mañana domingo participarán en la misa por la forma ordinaria. No tengo la menor división en el afecto. Todos son hijos de Dios redimidos pos la Sangre del Hijo cuyo sacrificio en la Cruz se renueva incruentamente en cada misa.

Concluyo haciéndome eco de un artículo que hoy publica en su Blog Bokabulario, Pedro Fernández Barbadillo, una de las plumas más agiles y más leidas de Periodista Digital. Se titula Un año de misa tradicional... y en España sólo hay trabas a ella. Desgraciadamente es muy cierto. Y una vergüenza, señores obispos.
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