Muy bien el P. Kolvenbach.

Se ha ido el P. Kolvenbach y ahora llega el P. Nicolás. A un anciano le releva otro cuasi. Tras un largo mandato vamos a tener uno corto. A mí me gustaría que fuera un gobierno restaurador que devolviera a la ínclita Compañía de Jesús a lo que fue. Dudo que tenga fuerzas y tiempo. Más bien supongo que va a ser una continuación del generalato de su antecesor. Si así fuere será por lo menos un mandato prudente y eclesial. Con carencias ciertamente.
Esta última declaración del P. Kolvenbach, y espero sea la última pues no sería normal en los jesuitas opiniones, aunque fueran coincidentes, entre el general vitalicio actual y el también vitalicio, hasta que se le aceptó por la Santa Sede su renuncia, anterior, me parece excelente. Toca muchos temas con prudencia y eclesialidad. Como fue su gobierno de la Compañía.
Por supuesto que a mí me gustaría un Pignatelli. No pido tanto al P. Nicolás. Que sea al menos un P. Kolvenbach. Y seguramente lo será. A la espera de que el siguiente, con juventud y ánimo, revifique la planta que agoniza. Que no se esfuerce en rematarla.
Clemente XIV extinguió la Compañía de Jesús. Dejó de ser una Orden de la Iglesia. El maldito regalismo hizo seguramente la única obra buena de su historia. En Rusia sobrevivió la Compañía. Dios escribe derecho con renglones torcidos. Muchos años después Pío VII restauró la Orden suprimida. Y en Roma se vivió una escena emocionante. Apenas unos cuantos ancianos, octogenarios y nonagenarios, que apenas podían caminar, apoyándose unos en bastones, otros sostenidos por algún compañero de la misma edad pero en mejores condiciones físicas, comparecieron ante el Papa que les devolvía la condición de hijos de San Ignacio. En los rostros de todos la inmensa alegría por la restauración de la Orden.
Aquella ruina física no parecía tener remedio. Pues renació la Compañía hasta unos extremos que incluso superaron lo anterior.
Ese es mi deseo. Que cual Ave Fénix renazca de sus cenizas. Ojalá el P. Nicolás sea capaz de conseguirlo. O, al menos, que no contribuya eficazmente a su suicidio. Que si no es un Loyola, Borja o Pignatelli sea al menos un Kolvenbach. Yo lo espero. O quiero esperarlo.