Una bomba explota en Bilbao.

Estamos ante una extraordinaria noticia. Los que no deberían haber estado donde estuvieron, hijos putativos de Uriarte el Emplazado, para tener aherrojada la diócesis se van. No ha sido necesario echarles. Dejan el campo libre.
No termino de creérmelo del todo porque tanta dicha cuesta trabajo asimilarla. Algo se les ocurrirá para seguir incordiando. Esta misma mañana os decía que la primavera estaba ya en puertas. Pero apenas unas horas después brotaron los lirios y ya apuntan las lilas.
Roma ha comprobado lo que son esos curas. Los obispos los nombran ellos. Y si no son de su gusto, se van. Pues ya no hay Consejo de Pastoral. Bendito sea Dios. Ahora la diócesis está, como debió haber estado siempre, en manos de su obispo. A quien le ayudará su auxiliar.
Me llegan muchísimos mensajes de alegría por la explosión de esa bomba. El cura que quiera, en obediencia a su obispo. Y el que no, a la pesca de la anchoa.
Don Ricardo, le están mirando Roma, la Iglesia de España y, sobre todo, la diócesis que Dios, por medio del Papa, le encomendó. A todos mis lectores suplico de todo corazón oraciones por el obispo de Bilbao, por su obispo auxiliar electo Don Mario Iceta y por nuestros hermanos católicos vizcaínos.
Está usted, Don Ricardo, ante el momento más complicado de su vida episcopal. Y seguro que los ha tenido duros. No puedo saber si terminará como mártir, como héroe o como otra cosa. En sus manos y en las de Dios ya está. Qué Él le ilumine y le sostenga.
Yo no he sido precisamente lo que se dice un amigo suyo. Hoy me tiene como el más devoto de sus diocesanos. Ya es usted un vasco. Lleva en esa hermosa tierra casi veinte años. Seguramente la ama tanto como el que más. A agarrarse a la Cruz y a sostener la Cruz. Porque usted sabe que después de ella está la Resurrección.
En ella cuelga la salvación de la Iglesia de Vizcaya. No puede salvarse contra el Papa y contra sus obispos.
Tampoco se alarme mucho. Seguro que entre los dimitidos hay buenos sacerdotes que ya se han arrepentido. Seguro que el gallo ya les cantó tres veces.
Hoy, tiene entre sus manos la que, siendo ya muy complicada, acaba de convertirse en la diócesis más difícil de España. Y le ha tocado a un obispo tímido, de poquita voz y a quien le espanta eso.
Dios quiera que a partir de ahora no me quede más remedio que asegurar que en Bilbao está el mejor obispo de España.
Si se nos echa atrás, si promete lo que no debe ni puede, si vende la primogenitura por un plato de lentejas, la Iglesia en Vizcaya estaría definitivamente perdida. La opción entre Esaú y Jacob es evidentemente suya. Hoy le estamos todos mirando. Y muchos rezando por usted.
Y con su persona no está sólo comprometida la Iglesia bilbaína. Guipúzcoa y Álava van a depender muchísmo de lo que usted decida.
Que la Madre de Begoña esté muy cerca de su persona, señor obispo, en tan complicados momentos.