¿A que no dimiten?

Tenemos lo que se ha buscado a conciencia. Los hijos de Setién y Uriarte amenazan con tirarse al monte. Lo llevan claro. ¿A sus años y al monte? A los diez minutos ni resuello.
Pues ya Roma sabe que curas tiene en las Vascongadas y creo que no es exagerado extrapolarlo a Cataluña. Dispuestos a no aceptar los obispos que la Iglesia designa. Y organizados en un lobby que, al menos de boquilla, dice estar dispuesto a resistir. O a dimitir.
La resistencia sería cismática. Y la dimisión un regalo que harían a la Iglesia. No llegarán a tanto. Consentidos tantos años ahora escenifican una pataleta que desgraciadamente no pasará de amago. Y digo desgraciadamente porque la Iglesia en Vascongadas y Cataluña no se regenerará hasta que se haga una poda de quienes no pueden seguir en ella.
¿Qué quedan cinco? Pues, cinco. Los demás a hacer puñetas. Porque no son Iglesia. Son antiIglesia. Y si Setién, Uriarte y Pagola quieren encabezarles pues que funden la Iglesia vasca.
No va a ser así. Muchos sacerdotes, aunque posiblemente disgustados con el nombramiento de Don Mario Iceta, antepondrán su fidelidad a la Iglesia a sus gustos personales. Los hay también encantados con el nuevo obispo auxiliar. Queda por último el núcleo duro de la resistencia. Que son los que habría que podar. En una operación urgente.
Se saben acabados. Son mayores en muy alta proporción. Han comprobado que del Vaticano soplan otros vientos y muy contrarios. A su última bandera episcopal le quedan apenas cuatro meses. Y sin recambio. Lo que les espera son Munillas e Icetas. Han perdido. Y patalean.
Estamos asistiendo a las últimas boqueadas de las Iglesias nacionalistas. Ellas se han suicidado. Su fracaso es evidente. Roma, al fin, se ha dado cuenta de que había apostado por un caballo perdedor. Que en estos momentos apenas es ya otra cosa que una mula vieja y coja. Aunque, como muy resabiada, todavía cocee.