¿Estamos locos?

Hubo un tiempo en el que lo que parecía importarle a la sociedad española era la Liga de Futbol. Sus héroes llenaban todo. Eran los ídolos de la juventud y copaban las conversaciones de los mayores. Al menos de los masculinos.
Eso se ha terminado para pasar a otra cosa mucho peor. Mucho más deleznable. La prensa del corazón. El futbolista excepcional aportaba al menos su esfuerzo o sus goles. Los "héroes" de hoy no aportan nada. Salvo el hecho, absolutamente intrascendente, de acostarse hoy con uno o con una y mañana con una o con uno. Con fotografías pactadas, "robadas" y siempre comercializadas en las que el otro, o la otra, cambian al ritmo de las horas.
Un alcalde no es famoso por como gobierna su ayuntamiento y ni siquiera por lo que roba. Sólo lo será si se lía con una cantante. El torero por las novias que vaya teniendo y no por sus actuaciones en los ruedos. Y lo mismo el futbolista. Viejas momias del cine o de la canción, absolutamente inútiles ya para un escenario, mantienen su popularidad con parejas inverosímiles que podrían ser sus hijos o hasta sus nietos. Y los cuernos respectivos apasionan a la audiencia.
Periodistas o pseudo periodistas, preferiblemente con las inclinaciones sexuales cambiadas, generalmente de una ignorancia supina y comercializadores de tan "apasionantes" sucesos, no pocas veces montados por ellos mismos, son los referentes de la opinión pública, los ganadores y repartidores de dineros sin cuento y los aseguradores de famas u olvidos.
Cualquier don nadie o doña nadie que asegure haberse acostado con alguno de esos famosillos de su mismo o distinto sexo tiene asegurados unos minutos de televisión y algunos euros. Y los personajillos muchísimos más con el desmentido, el desmentido del desmentido, el reconocimiento, la negación del mismo y el nuevo lío que salta entre tanto ir y venir.
Hijos verdaderos y falsos, reconocidos y negados, abandonados no pocos, abortados, de verdad o fingidamente, con padrastros y madrastras innúmeros que van sucediéndose por sus tristes vidas, unos de ellos drogadictos, otros simplemente chulos o putas, casi todos de un nivel intelectual rayano con la mentecatez y el moral más deplorable todavía, hacen mucho más rentable el triste espectáculo.
Y todo ello aplaudido por un público que cuanto más abyecta sea la situación más la aplauden y que refleja en sus rostros lo que es la degradación de la especie. Y esos los que vemos. Porque ante los televisores hay muchísimos más de idénticas características.
Eso es lo que se presenta a la sociedad de hoy como el colmo del éxito y de la fama. ¿Cómo extrañarse de que infinidad de chicos y chicas piensen que acostarse con cualquiera es lo normal y ser modelos la ilusión de sus vidas? Y el que canta en la ducha un aspirante a la fama, la gorda carne de cañón para la anorexia, la fea una desgraciada de por vida y la guapa una candidata a la prostitución.
Pues eso es lo que hay. El resultado, tantas parejas rotas, tantos hijos infelices, tantas personas amargadas, tantos suicidios, tanta basura.
Como contraste, el vivir como Dios manda. Aunque ya sé que eso no se lleva. Al menos en Televisión. Así nos va.