Tiene más miga de lo que parece. Y no es para Sevilla.

Una Voce Sevilla da cuenta, con comprensible alegría, que tres jóvenes de los que frecuentaban la misa por el rito extraordinario que se celebra en aquella ciudad acaban de ingresar en el Seminario. Por supuesto que compartimos su gozo.

Que un pequeño grupo de fieles aporte tres seminaristas en un año dice mucho de ese grupo. Pero hay más cosas que no se dicen y que están ahí. Esos tres jóvenes no han ingresado en el seminario diocesano sino en el de otra diócesis española. Con el sacrificio que ello supone. Se alejan de su familia y sus amigos, van a realizar, si llegan al sacerdocio, su ministerio en otra tierra... Tiene que haber razones muy poderosas para que ello ocurra. Porque lo cómodo, lo fácil, hubiera sido el seminario hispalense.

Hace unos días publicamos un artículo que no tenía otro propósito que hacerse eco de los rumores que circulaban con motivo de la próxima presentación de la renuncia a la mitra hispalense por el cardenal Amigo. Aquello se desbordó y numerosísimos comentarios nos presentaron el estado de la diócesis. Más bien penoso. Después de ello entendemos mucho mejor la decisión de esos tres jóvenes de buscar otro seminario que les asegure una sensata preparación para el sacerdocio. Que en el de Sevilla estaban convencidos que no iban a tener. Pues es muy grave para Sevilla.

Y ya que de seminarios hablamos os diré otra cosa que me tiene sin saber que hacer. Una persona que en principio me merece confianza me dice que en otro seminario de España ocurren unas cosas tan asquerosas, tan repugnantes, tan vergonzosas que me han dejado verdaderamente perplejo. El obispo que eso consiente o es un tonto de capirote que no se entera de nada o un hipócrita redomado. Fuere lo uno o lo otro debería ser depuesto inmediatamente.

Por un lado estoy tentado a destapar tanta podredumbre y que salga el sol por donde quiera. Y por otro me detiene el daño que se podría hacer a la Iglesia si todo eso se saca a la luz. Procuraré confirmar más la noticia y consultaré, si me convenzo de su absoluta veracidad, a algunas personas con autoridad si es mejor callarse o tirar de la manta caiga quien caiga. Aunque también les diré que para callarme y no ser cómplice de esa basura el rector del seminario donde eso ocurre tiene que ser puesto ya en la calle. En otro caso no jugaría a callarme.
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