¿Le regalamos un báculo al cardenal Rouco?

Cierto que he visto en numerosas ocasiones al cardenal Rouco con báculo. Pero como Andrés Pardo se lo está continuamente dando y quitando puede ser que en la última ocasión el maestro de ceremonias se lo haya quedado y haya dejado sin báculo al cardenal.

Porque esos cien curas, siempre innominados salvo cuatro o cinco, y hasta que no den el nombre de los cien yo no me lo creo, están pidiendo a gritos un baculazo.

No es de recibo que cien, o cincuenta, curas de parroquias de la Comunidad de Madrid estén "promoviendo un documento crítico con la posición oficial de la Iglesia sobre orientación del voto en las próximas elecciones".

¿Para qué quiere la Iglesia esos curas? Si las hostilidades del Gobierno llegaran a aumentar, ¿para qué esos aliados de los enemigos de la Iglesia dentro de ella?

Los obispos tienen que enterarse de una vez por todas que no pueden dar normas a los católicos si sus sacerdotes son los primeros en pasárselas por el forro de sus perendengues.

Arman la de Dios es Cristo, yo pienso que con toda la razón de su parte, y sus curas se pitorrean de ustedes. Y eso no lo resuelven los calditos. Ni los del cardenal en Entrevías ni los del Nuncio en la Moncloa.

Tienen señores obispos que terminar de una vez con el todo vale. Porque entonces no vale nada. Empezando por ustedes. Se sumergen en el relativismo absoluto.

Señor cardenal, si es cierto lo que hoy leemos en El Semanal Digital cien de sus sacerdotes, o cincuenta, o veinticinco, le están haciendo pedorretas.

A mí, y a otros muchos católicos, les indigna esa conducta sacerdotal. Y a usted parece que le deja tan fresco. Qué hagan lo que quieran. ¿Qué más da? Ya nos tomaremos un caldito.

Hace mucho tiempo que todo se les ha ido de las manos. Los religiosos, o bastantes de ellos, hacen lo que les da la gana y se ciscan, ya no sólo en sus "orientaciones" sino hasta en el dogma y la moral de la Iglesia. Sus curas organizan foros contra ustedes. Y dicen que son unos merluzos por sostener lo que ustedes sostienen.

Y los seglares pasmados viendo este pim, pam, pum a los obispos sin que pase nada. ¿Cómo vamos a ponernos a su lado para defenderles de los enemigos de la Iglesia si sus mismo curas les dicen lo mismo que aquellos. Y además son para ellos los calditos.

Ya sé que la Iglesia no es un ejército ni una empresa. Pero, ¿qué general se atrevería a dar una batalla si una parte considerable de sus capitanes ya se han pasado al enemigo? ¿Y qué presidente de Consejo de Administración va a intentar salvar su empresa cuando buen número de sus accionistas principales ha comprometido ya sus acciones con el competidor que quiere cerrar la empresa?

Don Andrés Pardo, si le ha afanado usted el báculo al señor cardenal, háganos el favor de devolvérselo. Lo necesita. También pudiera ser que con tantas idas y venidas el báculo se hubiese perdido en algún rincón de la Almudena. Aunque eso ya me parece más raro porque se le ve a usted siempre pendiente de todo. Como para que se le pierda un báculo. U otro báculo. Porque hay uno que ese sí que creo lo ha perdido usted.

Pues, lo dicho, señor cardenal. Si el báculo lo tiene perdido nos lo dice, abrimos una suscripción popular y en veinticuatro horas tiene otro. Para que lo utilice.

Parece que este Madrid, tan poco cantor y que además canta tan mal, se ha metido, con escasa fortuna estética, en la canción. Gracias a su insistencia hasta yo, que para eso soy negado, ya me he aprendido lo de la Señora de tez morena. Muy desafinadamente pero con mucha voluntad. Y hasta con devoción. Otros, con igual o mayor desafino están cantando que quieren quemar la Conferencia Episcopal. Seguro que alguno de sus curas está entre esos.

Sus fieles, sacerdotes y seglares, en su inmensa mayoría, está deseando cantar, con música de órgano o de guitarra, una letra que dijera, más o menos: báculo sí, calditos no.
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