Pues hay que seguir con Blázquez.

No es que le ataque la derecha por defender la paz es que se le dice que se está prestando a un determinado juego político que traen entre sí declarados enemigos de la Iglesia.
La paz es un concepto engañoso y manipulable. Puede ser un gran bien y un gran mal. En el ghetto de Varsovia se terminó imponiendo la paz. Pero vaya paz. En Cuba hay paz. Y la hubo en la Rusia de Stalin. Paz quería Napoleón en España en 1808, pero la paz de los invasores. Y también la quiere Bush en Irak. Y el Sultán de Marruecos en el Sahara.
Cuando la delincuencia se impone en un barrio la paz no es negociar con ellos para que, dándoles el gobierno del mismo, lo administren a su gusto. No creo que ni una sola persona honorable se quedara a vivir en ese barrio.
Pues Blázquez convocó, y estoy dispuesto a aceptar que hace ya algún tiempo, una manifestacioncilla político-religiosa para pedir paz. Y se quedó solo. Porque ese día había una gigantesca manifestación en Madrid no pidiendo paz sino que se acabe con el terrorismo. Lo que una vez conseguido traería una verdadera paz.
A partir de eso todo fue caótico y esperpéntico. En Bilbao y con Blázquez, digo. Los convocados no fueron. Estaban en Madrid, en su casa siguiendo la manifestación de Madrid, o en su casa simplemente.
Nos sacaron repetidamente la imagen de un tal Patxi López, que parece vasco de nombre y maqueto de apellido, con una cara que parecía decir ¿qué hace un chico como yo en un sitio como éste? Estaba en una permanente duda metódica acerca de donde estaría: si en un acto político, izquierdoso y anticlerical, que es lo suyo, o en una misa. Y no se acordaba bien de los años que hacía que no las frecuentaba.
Había, también al parecer, algunos comunistas encabezados por alguien que se nos decía quien era pero que a mí no me sonaba nada. Cosa por otro lado muy normal pues no frecuento esos ambientes.
Nacionalistas, algunos. Según dijeron. Aquellos que le habían tachado de "un tal Blázquez". O de no sé que de perro viejo que dijo aquel de los cuatro pelos con los que consigue hacer un esperpento de su calva. Y que me pareció verle por allí.
Su obispo auxiliar, alguien vestido de monje, que igual se puso el hábito para el evento, y cuatro o cinco más. ¡Qué ocasión para haberla pospuesto para el sábado siguiente! Aunque seguramente ese sábado ya ni hubieran ido los que fueron. Usted, su obispo auxiliar y cuatro viejucas que se apuntan a un bombardeo. Seguramente ni el monje.
Pues al mismo tiempo que usted se reunía con tan sorprendente compañía, en Madrid había una manifestación millonaria. Quiero decir que por cada uno que estaba en su chiringuito en Madrid había unos mil. O más.
No sabe usted la murga que nos dieron con ese acto suyo, piadoso-político-bajado de pantalones. No podían ocultar el millón pasado de Madrid pero, inmediatamente, aparecía usted y la reunioncita. Como si fuera algo.
Pues, ya lo ve. Están encantados con usted el Gobierno y Prisa, tres periodistas de escasa o nula credibilidad, las televisiones más anticatólicas y ya no se me ocurre quien más.
Le ataca muchísmo la derecha. Con lo que puede darse por satisfecho ya que cualquier ataque de la derecha es una medalla. Aunque si tenemos en cuenta que seguramente el 80% de sus fieles, de sus verdaderos fieles, de los que van a misa los domingos y sueltan sus cuartos para la Iglesia, pertenecen a esa derecha ideológica y eclesial pues lo tiene usted claro.
En la placita donde se reunió con los convocados para ese acto tontín e irrelevante, aunque nos lo dieran hasta en la sopa, estaba usted tan perdido como lo suele estar habitualmente. Y lo comprendo bien. Si Calderón convocara a los socios del Real Madrid a una manifestación en defensa del club y le acudieran trescientas persones, en su inmensa mayoría favorables al Barça, pues quizá su cara fuera también como la suya. De la voz no vamos a hablar.
Parece ser que la COPE, según leo, hizo caso omiso del actito de Bilbao. Me parece un acto de caridad. Otros estuvieron más duros.
Me encantaría olvidarme para siempre del tal pero se ve que es imposible. El pobre no da una. O, cada una que da, es peor.