Amanecer

Desde el amanecer se pone en marcha de nuevo cuanto dejamos ayer, durante el reposo de la noche pocas cosas han cambiado, para la mayoría salud o enfermedad, gozos o penas, preocupaciones o alegrías, todo sigue como ayer lo dejamos, retomamos lo que quedó por hacer, aquello que ayer no logramos superar y también los aciertos.
El regalo del amanecer, su fuerza, está en las energías nuevas con las que iniciamos el día. Nuevas fuerzas, quizás nuevas ideas, nuevas ganas de ir vivir para ir avanzando y clarificando nuestro propio bosque de problemas, para poder caminar hacia la luz que abriga y acaricia.
Esta es la esperanza que nos conduce, y poder dar razón de ella es un don que debemos pedir a Dios, es un regalo que el Señor nos hace desde la mañana, para que nuestro cielo y el de quienes viven con nosotros no se vea hoy teñido de nubarrones sin sentido o estériles, sino que siga iluminado por el don de Dios aun que quizás nos visite la lluvia o la tormenta.
La ilusión que nos empuja, al emprender el día nuevo, debería ser como la de aquellos israelitas que viviendo la dureza y las penalidades del desierto tenían su confianza y su seguridad puestas en la Tierra prometida que iban a alcanzar. Añoraban ciertamente las comodidades que también significaba la esclavitud abandonada, pero recuperaban siempre el deseo de seguir caminando hacia lo que Dios había prometido.
Amanecer es el regalo de Dios para cada uno y que nos permite poder comenzar de nuevo, sin quedarnos en lo que ya pasó, sabiendo que es un día nuevo, y que después de esta oportunidad el Señor nos irá ofreciendo otras hasta alcanzar cada uno nuestra pascua definitiva. Texto: Hna. Carmen Solé.