Vivimos en un mundo, en una sociedad,
marcados por las prisas, por el deseo de obtener de forma inmediata el resultado de nuestras actuaciones y
esta forma de vivir va eliminando de nosotros la paz y la serenidad. En el evangelio de san Marcos, en el capítulo 6 hallamos la invitación que Jesús hace a sus discípulos de ir a un lugar apartado para descansar un poco. Podemos pensar en el lenguaje de hoy que les invita a “irse de vacaciones”, porque ciertamente
todos tenemos la necesidad de variar nuestro ritmo de vida y “descansar un poco”.
Pero pronto los planes se truncan, la gente los encuentra y Jesús dejando la barca, se puso a “enseñarles con calma”. Seguramente puede ser esta una buena lección para el tiempo de verano. La necesidad de descanso es real, pero todos debemos intentar hacer como Jesús, no
perder la calma y acudir en ayuda de los demás, cuando nos lo piden o cuando reconocemos sus necesidades.
Si el tiempo de verano es un tiempo que por el cambio de ritmo en nuestras vidas nos proporciona unos espacios de mayor serenidad y tranquilidad,
no hagamos de este tiempo una parte de nuestra vida dedicada tan solo a nosotros mismos.Texto: Hna. Carmen Solé.