Tiempo de turbación

El salmista considera que la desgracia viene por culpa de las faltas cometidas: “Sin que yo haya pecado ni faltado, Señor, sin culpa mía, avanzan para acometerme” (v. 4). Esta es una concepción muy frecuente en el Antiguo Testamento, la enfermad es un castigo de Dios por los pecados cometidos. Lo encontramos en el evangelio de San Juan, cuando los discípulos de Jesús le preguntan si el ciego de nacimiento tiene relación con los pecados cometidos por él o sus padres. El Maestro les contesta con una concepción diametralmente opuesta. Ni sus padres ni él han pecado es para que se demuestre en él la gloria de Dios (cf. Jn 9).
Este salmo lo podemos aplicar a Jesús contra el que se abalanzaron todos los poderes de este mundo para condenarlo. El inocente que vino para que todos tuvieron vida, murió como el gran traidor de su pueblo pero Dios oyó su suplica: “Por la mañana aclamaré tu misericordia; porque has sido mi alcázar y mi refugio en el peligro” (v. 17). Si Jesús, el Justo, ha sufrido sus seguidores nos encontraremos envueltos en la persecución, como tantos cristianos se encuentran actualmente perseguidos por su fe en Cristo. Oremos para que el Señor les de el coraje y la fortaleza que necesitan en estos momentos de turbación. Texto: Hna. María Nuria Gaza.