Dicen que las prisas son una de tantas características de nuestro mundo, de nuestra sociedad.
Vivimos el hoy pero tan pendientes del mañana que se nos gastan las energías antes de hora. Pero no hay nada nuevo bajo el sol, también ese vivir acelerado se da en el hombre desde tiempo bien antiguos.
Lo comento porque hace unos días pude leer en un libro de comentarios litúrgicos el texto que adjunto:
“Un padre espiritual respondió al monje que había ido a preguntarle sobre la vida espiritual:
Tu nunca estarás contento. En invierno piensas en la primavera, en primavera piensas en el verano, en los días radiantes de verano te preocupas por los días de otoño que se acortan.”
Y es que nos agobiamos en nuestra inquietud de
adelantarnos a un futuro como si ya fuese presente pero para el que carecemos de las fuerzas y la gracia necesarias para vivirlo de acuerdo con el querer de Dios. Si deseamos vivir en Dios y confiamos en Él, hallaremos sin duda en el mismo Señor la luz necesaria para vivir el hoy y tendremos también la gracia para estar seguros de que no nos va a fallar su presencia para vivir el mañana.
Texto: Hna. Carmen Solé.