Miércoles de ceniza. Versos para vivir sin sobresaltos

Este miércoles los católicos nos acercaremos al altar a signar nuestra frente con el polvo sagrado que nos recuerda un origen y un destino corporal ligado esencialmente a la materia. Venimos de la tierra y a ella regresaremos en polvo funerario o abono de camposanto. Es bueno recordar esto. Y recordar que nacimos a la Vida por un Divino Soplo y unas calientes Manos, y nos encontraremos de nuevo, en el atardecer de nuestra existencia, con el latir de unos Brazos y un Corazón infinitos. Vicente Gaos, extraordinario poeta levantino, nos regala, en miércoles de ceniza, un hondo poema de búsqueda y pasión.


OLVIDAOS

Quia pulvis es et in pulverem reverteris

Olvida, hombre...

Olvida que eres ceniza
y has de convertirte en ceniza.

Olvídate de ese miércoles
y del in pulverem reverteris.

Pues aunque seas ceniza y polvo,
hay vida, amor, belleza en torno.

Es verdad: belleza, amor, vida,
fugitivas flores de un día.

Pero flores, sí. Mientras dure
la magia cierta de su perfume,

olvídate del polvo y la muerte.
Más vale que no recuerdes

lo que con memoria o sin ella
llamará algún día a tu puerta.

Ahora ciérrala. Abre el balcón,
que te penetre y embriague el sol.

Míralo bien: cierra los párpados,
y que el sol te salve del caos.

Al final verás que es lo mismo
vivir y morir, el domingo

que el miércoles. Cuando llegue
cenicienta y fría la muerte,

acógela conforme, tranquilo,
seguro de haber vivido.

Con la memoria de una vida
que desoyó la profecía

funeral, que no se perdió
en el miedo y duda de Dios.

Cuando sientas el gusto amargo
de la ceniza en la boca, trágalo,

apúralo. Al llegar la muerte,
abre la puerta y tiéndete, duérmete.

… No recuerdes.


Recuerda, hombre, que eres polvo y al polvo volverás. Recuerda que eres gracia, y alegría, y esperanza, y corazón, y felicidad... No te dejes asfixiar por el humazo del tren de la vida cuando atraviesa túneles de espanto, y sube bien la ventanilla. Baja la ventanilla y respira hondo la belleza del paisaje abierto y soleado. Un día llegarás a tu destino, y tendrás que abandonar el vagón y atravesar la niebla de la última estación. Recordarás entonces, "seguro de haber vivido", lo hermosa que fue tu existencia. Y abrazarás el nuevo estado con ojos bien abiertos y el alma definitivamente enamorada y transparente.
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