Pan y vino 3. NADIE TOQUE ESTE PAN SI NO HA CREÍDO EN DIOS



Leíamos, en el último post sobre Eladio Cabañero (pulsaraquí), los versos de "El pan".Al estilo del Neruda de las "Odas elementales",humaniza y trasciende el poeta manchego la materialidad de un trozo de pan, al que llama "amigo de los niños y de los pájaros", del que escribe que "casi nadie lo mira sin llorar", y afirma de él que "puesto sobre la mesa el pan premia y bendice"...



NADIE TOQUE ESTE PAN SI NO HA CREÍDO EN DIOS

Dedicado a Carlos Sahagún, el poema "La comida" expresa delicadamente hondas raíces de religiosidad. Del poeta de Tomelloso ha escrito Manuel Rico:
"Eladio, poeta de una generación mayoritariamente agnóstica, es, con José María Valverde, la excepción. No obstante, hay algo que les diferencia: si en Valverde el aliento cristiano tiene mucho de indagación filosófica, de reflexión existencial, en Cabañero se asienta sobre la intuición."


Sobre la intuición más luminosa construye nuestro poeta los versos de hoy sobre una sencilla comida familiar... Sentados alrededor del sobrio mantel, alguien, cualquiera, preside y reparte cordialmente los alimentos. No sabemos bien si se trata de una reunión de amistad o de una celebración religiosa, o de las dos. Si de una eucaristía se tratara, cualquier hermano o hermana podría presidir el ritual del Amor y la Entrega...Leamos por fin el inspirado relato:

LA COMIDA



ESTAMOS reunidos y a la mesa:
nadie toque ese pan si no ha creído
en Dios, no acerque a sí ese vaso clarísimo
si no agradece al mar el nacimiento.

Estamos a la mesa. Nadie sirve,
está en orden el orden, apretamos
nuestra emoción, pensamos
la relación que nombra la esperanza
de los que se arrepienten.



Reunidos cantamos. Una bóveda íntima recoge
nuestra voz desde lejos. Cantamos muy bajito,
con las manos sobrecargadas, arpas
de la limosna. Cantamos todos
(quien no conozca el coro que pregunte
a ver qué respondemos).



La casa está sin ruidos.
Sentados resollamos y esperamos. Afuera
rueda el sol su dura cáscara de oro, gasta
sus fraguas por el mundo.
Dentro tenemos brasa de romeros,
una bombilla pobre peleando en las sombras,
subiendo cuestas.

Estamos a la mesa. No agradecemos nada,
nos callamos
la poca lumbrecita que nos quema
porque la duda es libre. Sólo la tierra
que los gañanes aran, sólo el trigo
en el troje sagrado y sólo el Cristo
con su hermosa victoria vence al hombre.



Estamos reunidos. Nadie bese, ni cante,
ni suspire, si no cree en Dios.


Baje la luz de parte nuestra, nazca
para nosotros la esperanza, dure
el tiempo, más sabio que los sabios,
y amanezca.




Estamos reunidos a la mesa. Esperamos
que alguno se adelante,
nos reconozca y nos dé libre el nombre:
padre, madre, hermano,
mujer querida, esposa o novia; alguien
esperamos que pueda repartirnos
los pescados, los vasos tan clarísimos
y el pan que nadie toca porque teme.



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