La poeta cubana D. M. Loynaz, hoy (8). SE TE QUEDÓ LA LENGUA AZUL

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
08 dic 2011 - 11:04
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A punto de clausurar nuestra fugaz visita a la poesía de Dulce María Loynaz, regresamos hoy a sus primeros poemas (Versos 1920–1938), para descubrir allí la determinación de su vida, su compromiso de comunión fraterna con todo ser vivo. Es verdad que la acabamos de observar consciente, muy consciente, del oceánico misterio de sus íntimas voces, pero sabemos que, además, vivió muy atenta al caleidoscópico fluir de la vida en torno suyo. Porque, acuñada por la escritora cubana y evocada por Juan Carlos I en la ceremonia del Cervantes, llevó decididamente hasta los últimos rincones del corazón y de la vida su definición de poeta:

“Un poeta es alguien que ve más allá en el mundo circundante y más adentro en el mundo interior. Pero además debe unir a esas condiciones una tercera más difícil: hacer ver lo que ve.”

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NO LANCE DE NUEVO UN ANIMAL, PORQUE LO ECHAREMOS A LA CALLE

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Ya hemos saboreado algunos títulos de “Poemas sin nombre”, donde descubre y expresa la “gran dama de América” (así la calificó Juan Carlos) su rica interioridad, en fantástica prosa lírica. Nos asomamos ahora a versos de la primera etapa, que reflejan la penetrante mirada de Loynaz “más allá del mundo circundante”. Y recordamos con agradecimiento las elogiosas palabras del rey español que así ensalzaba conocidas virtudes de Dulce María: “la suya es, sin duda, una poesía del pudor en la que se hace evidente el deslumbramiento ante la belleza del mundo y la piedad hacia los hombres y las mujeres que lo habitan.” De hombres y mujeres hablaremos hoy.

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Pero también de Sonie y otros perrillos amados y cuidados por la bondadosa poeta, como Chilín, Capitán y otros, a los que bautizaban con nombres del caledario cristiano: José, Cristobal, Antonio, Beatriz... De familia le venía su devoción por el servicio al ser humano doliente y a los animales desamparados. Su madre, María Mercedes, asistía, en voluntariado, a enfermos en el Hospital de San Lázaro, y socorría a animales abandonados, que eran atendidos en el Asilo Bando de Piedad, al que también ayudaba económicamente.

Sus hijos, especialmente Dulce María y Flor, cuidaban con mimo y respeto a perros y gatos que gente desaprensiva introducía en sus jardincillos a través del ancho de las verjas. Así lo refiere Eusebio Leal, testigo de aquella época, refiriéndose a Dulce María:

"Era una persona vertical, con esa voluntad de hacer el bien, y lo manifestaba en cosas que iban, desde la protección secreta de un anciano o un enfermo, hasta sostener a aquella multitud de perros que se iban introduciendo por la reja de su casa, tanto en Calzada como en 19, y la obligaba tantas veces a colocar carteles como: 'Aquí no pierda su tiempo, no lance de nuevo un animal porque lo echaremos a la calle'. Pero esto nunca fue así."

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“SONIE, ALEGRÍA PURA...”

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Por aquellas fechas, en etapa ascética de su fe y con solo 21 años, escribía y publicaba, en “El Fígaro” de La Habana, el exigente poema “Señor que lo quisiste...”, examen público de amor y entrega a los demás, como le pedía su fe religiosa: “¿En qué ocaso de alma he disipado el luto? / ¿A quién hice feliz tan siquiera un minuto...?” De todos estos versos hemos informado en otro post (pulsar).

De momento, tenemos a mano un simpático poema a Sonie, su negro perro, tan lleno de inocencia y de gracia, de alegría, de ganas de jugar ("para que yo juegue contigo y con la vida..."). Y al fin nos enteramos de por qué tiene la lengua azul... Uno se pregunta si no se llamará Platero y acaso escribió los versos cierto poeta de Moguer:

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CANCIONCITA DEL PERRO SONIE

Sonie desnudo, tierno, mío;

florido de inocencia.

Sonie negro; retazo, miniatura

de la noche... (pero de alguna

noche, lunada, almibarada

de azúcares celestes).

Sonie, tienes guardada

mi risa entre tus patas, entre tu pelo

y alguna vez me das mi risa.

Me la das y me río

con esa risa mía que tú tienes,

Sonie dulcísimo,

Sonie para ir pasando

la vida.

Y para que la vida sea,

o al menos se parezca a un juego tuyo.

Y para que yo juegue contigo y con la vida.

Sonie, lamiste las estrellas

–el azúcar celeste–

se te quedó la lengua azul.

Ahora estás frente a mi con tu alma virgen,

Sonie, alegría pura,

frescura íntegra...

sin saber del Amor ni de la muerte.

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"EN LA TIERRA TIRADO PARECE UN ÁNGEL ROTO..."

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Decíamos que, para Loynaz, "un poeta es alguien que ve más allá del mundo circundante..." Hipersensible a la belleza, sabe Dulce María que, más allá de la apariencia física (que puede ser repulsiva), existe una realidad invisible, acaso adorable y hermosa. Así, en "El pequeño contrahecho", su mirada trascendente descubre un ángel "desprendido de un altar". Y así, cuando su hermano mayor juega con él y lo aúpa hacia el cielo, el pequeño "sonríe y extiende las manos / embarradas de tierra / para coger el sol..."

Raimundo Lazo sugiere valor pedagógico a la lectura de estos textos: “En su poesía no se predica; pero de ella emana una ética individual y social de fraternidad humana que adquiere dominante poder persuasivo y memorable relieve artístico que se crece ante los heridos por grandes desgracias o angustiados por su desamparo”

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EL PEQUEÑO CONTRAHECHO

El pequeño contrahecho conoce

todas las piedras del jardín;

las ha sentido en sus rodillas

y entre sus manos ya escamosas

de humano reptil.

En la tierra tirado parece un ángel roto,

el ángel desprendido de un altar:

Juega con los gusanos de la tierra

y con las raíces del framboyán.

El pequeño contrahecho tiene

los pies más suaves y el cielo más lejos...

Cuando en brazos lo alza el hermano mayor,

él sonríe y extiende las manos

embarradas de tierra

para coger el sol...

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LA POETA CUBANA

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DULCE MARÍA LOYNAZ, HOY

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1. “Señor que lo quisiste, ¿para qué habré nacido?”

SEÑOR QUE LO QUISISTE...

2. La oración del alba

LA ORACIÓN DEL ALBA

3. Desciendes sobre mí como un Arcángel

QUIÉREME ENTERA

YO TE FUI DESNUDANDO...

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

4. Tres poemas religiosos sin nombre

POEMA LXXXI: “El Señor me ha hospedado...”

POEMA LXXIX: “Viendo volar...”

POEMA XCV: “Sed tienes...”

5. Cuatro oraciones desde la noche larga

POEMA XCVII: “Señor mío, Tú me diste...”

POEMA IV: “Con mi cuerpo y con mi alma...”

POEMA LXXXVI: “Perdóname...”

POEMA LXXXIII: “Con collares de lágrimas...”

6. Poemas de amor y de misterio

POEMA XLVIII: “Tú me hablabas, pero yo no sabía...”

POEMA LXVI: “Yo no digo el nombre...”

7. Minipoemas líricos

POEMAS XXVII, XIV, XIII

POEMAS XX, XVIII, LXXXIX

POEMAS CVI, XXIII, XIX, XXV

8. Se te quedó la lengua azul...

CANCIONCITA DEL PERRO SONIE

EL PEQUEÑO CONTRAHECHO

9. "¡Ella es como un rosal vivo!"

CHECHÉ

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