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Son miles las historias y recuerdos de aquel 29 de octubre en Picanya. Testimonios como el de una feligresa que vive cerca de la parroquia y que viendo los niveles que iba alcanzando el agua fue consciente de que la iglesia estaría inundada. Cuando las aguas bajaron ella se acercó a la parroquia pero fue tan impresionante el destrozo que se observaba que fue incapaz de entrar. Solo llorar. Sería días más tarde cuando empezaría a compaginar el achique de barro de su casa por las mañanas con la limpieza de la parroquia por las tardes. Porque la parroquia es tan importante como su casa, y ese sentimiento era compartido por todos aquellos que se fueron acercando a retirar los bancos apilados en el presbiterio, a retirar con mimo y empezar a limpiar las imágenes veneradas, a fregar los suelos, a recuperar todo lo posible.
Otro testimonio es el de Pau, un joven que pronto ingresará en el Seminario y que sirvió de acólito en la ceremonia de reapertura, y a quien la DANA le pilló en la biblioteca, pero al oír las campanas de la Iglesia supo que algo pasaba y pudo llegar a casa de un familiar y refugiarse, mientras caminaba hacia su refugio pudo ver como una ola pasaba por encima de su casa situada al lado del barranco del Poyo - o barranc de Chiva para muchos de los habitantes de Picanya -. Luego pudo conocer de mano de su familia cómo el agua en su casa entraba por una ventana y salía por la otra llevándose enseres a su paso. Pau se suma a la alegría de recuperar la parroquia.
entrevista a Pau
A partir de ahora la parroquia de Picanya irá recuperando la normalidad, se podrán celebrar las primeras comuniones, aunque algunas familias se adelantaron a solicitar un templo en Valencia y mantendrán sus planes; para el Corpus engalanará la plaza de la entrada al templo con una alfombra de flores; y cada vez que una de sus imágenes regrese a casa restaurada harán fiesta, en especial cuando regrese la Preciosa Sangre, que es la devoción particular de esta feligresía.
Recuperar la vida parroquial en la iglesia de Picanya ha sido entendido como un signo de la tan necesaria vuelta a la normalidad que reconocía el alcalde de Picanya, Josep Almenar. Por eso el Ayuntamiento no dudó en ceder el teatro municipal mientras el templo permaneció cerrado. Las instituciones se han implicado y valorado la dimensión espiritual de su pueblo y su expresión en la vida parroquial.
El alcalde nos adelantó que en la reconstrucción de uno de los puentes que se llevó la Dana se le pondrá el nombre de "Puente de la Memoria" y estarán recogidos los nombres de las víctimas que perdió esta localidad.
Entrevista al alcalde
Como dijo el párroco, Joaquín, en la ceremonia de reapertura de la iglesia, “el alma de la parroquia son sus feligreses”, ahora les toca a ellos seguir dando vida a la parroquia y seguir generando historias que poder contar. Pero para eso seguirán necesitando el apoyo de todos.
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