Emotiva carta de despedida de Carlos Osoro a Agustín García-Gasco "Gracias por fiarte de mí y por haberme hecho partícipe de tu bienaventuranza"

(Carlos Osoro, arzobispo de Valencia).- Hace una semana que estábamos hablando de cuestiones importantes. Pensaba que, quizá, en mi estancia en Roma podría haber continuado aquella conversación. Pero lo que Nuestro Señor Jesucristo tenía previsto para ti era entrar en la definitiva conversación, esa que es la más rica, a la que los seres humanos estamos destinados y en la que tú, me vas a permitir llamarte como siempre lo hacía, querido Agustín, creías con todas las consecuencias.

Cuando parecía que todo iba discurrir por otros caminos diferentes, según las previsiones de los hombres en la mañana del día 1 de mayo, cuando todos te estábamos esperando en la Plaza de San Pedro para celebrar en el Domingo II de Pascua la fiesta de la Divina Misericordia y, en ella, la beatificación del Papa Juan Pablo II, resulta que el Señor te llamó a la vida eterna de la que tú ya participabas por el Bautismo, pero te llamó definitivamente.

Lo hizo con un gran amor hacia tu persona, querido Agustín, en la fiesta en la que los hombres podemos experimentar como el amor del Señor es más grande que todas las cosas que nosotros podamos imaginar, un amor que es capaz de extraer de cualquier situación un bien, un amor que te llamó a participar de la beatificación del Papa Juan Pablo II no como nosotros desde la Plaza de San Pedro, sino junto a él mismo, al lado del Papa. ¡Qué maravillas hace el Señor con los hombres! Y ¡qué momento de máxima belleza te ha hecho vivir a ti, Agustín, para siempre! Nada más ni nada menos que cuando comenzamos el mes dedicado a la Virgen María, cuando celebramos la Divina Misericordia, cuando celebramos la beatificación del Papa Juan Pablo II, Jesucristo te llama y te dice: vas a verlo desde la ladera en lo que todo se ve de una manera plena, tal y como lo ve Dios mismo.

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