Los hay ejemplares y hasta heroicos, pero también mediocres, grises, trepas, a veces hasta camaleones Necesitamos otros obispos

(José María Castillo).- En estos mismos días, cuando tanto se habla, en los ambientes eclesiásticos españoles, de la jubilación o del cese de algunos obispos y del consiguiente nombramiento de otros, no vendrá mal traer a la memoria algunos datos, que nos recuerdan cómo se hacían estos cambios en la Iglesia antigua. Me refiero a la Iglesia de los siglos III al V, tiempo en el que con seguridad se practicaba el principio que voy a explicar. Pero, como enseguida diré, este criterio se practicó seguramente hasta el s. XI.

En aquellos tiempos, los criterios sobre el ejercicio del poder político y la fuerza del derecho romano todavía no habían invadido, tanto como ahora, la vida y las costumbres de la Iglesia. Por eso entonces se decían y se hacían cosas, en los ambientes eclesiásticos, que a nosotros ahora nos llaman la atención, nos sorprenden o incluso nos escandalizan. Pero hay que preguntarse, ¿no será que, para aquellas gentes, la memoria de Jesús y los relatos del Evangelio tenían más importancia, en la vida diaria de los cristianos, que la que tienen para nosotros ahora?

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