(José Manuel Vidal).- La comunicación del Papa y de la Santa Sede está en buenas manos. En manos de dos grandes profesionales de los medios de comunicación, que se las saben todas, que no se casan con nadie y que ejercen sus delicadas misiones en clave de servicio. Son Giovanni Maria Vian y Federico Lombardi, el director de L'Osservatore romano y el portavoz del Vaticano, respectivamente. Un profesor laico y un jesuita. Ambos representan la antítesis del divo profesional. Con ambos tuve la fortuna de departir en mi reciente viaje a Roma.
Giovanni María Vian es viudo y ocupa uno de los puestos de mayor responsabilidad del Vaticano, como director del más que centenario periódico del Papa. Filosofo e historiador, el profesor Vian lleva años al frente del prestigioso diario y, como director, consiguió lo más difícil todavía: modernizarlo, manteniendo intactas sus señas de identidad.
El tiempo pasa y L'Osservatore permanece. Pero Vian supo dotarlo de agilidad informátiva, modernizar y feminizar la redacción, que, cuenta, entre otras, con la incorporación de la española Marta Lago y, sobre todo, con la responsable de la edición semanal alemana, la austriaca Astrid Haas, mayor responsabilidad en el organigrama del diario vaticano.
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