Santiago Agrelo.- El profeta hablaba del templo del Señor en Jerusalén: "¿De modo que es tiempo de vivir en casas revestidas de madera, mientras el templo está en ruinas? Meditad vuestra situación: sembrasteis mucho y cosechasteis poco, comisteis sin saciaros, bebisteis sin apagar la sed, os vestisteis sin abrigaros, y el que trabaja a sueldo recibe la paga en bolsa rota". Yo no hablo de aquella casa en ruinas, sino de ese otro templo de Dios que es el mundo y el hombre, templo de muchas maneras profanado, muchas veces destruido, de propósito ignorado, pues para profanar y destruir sin temor la morada, es indispensable que se ignore la presencia y la dignidad de quien la habita.
Para ser dueño de las cosas o de ti, necesito interiorizar que en la naturaleza Dios no gime, que en un feto Dios no lucha por nacer, que Dios no es el huésped misterioso de tu cuerpo de mujer o de hombre.
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