LUIS RUIZ
El racismo tiene que ver con la exaltación de la raza propia, con el menosprecio de cualquier otra y con todos los derivados de ambas cosas. Ante lo que Dios dice de Israel —su nación— desde los primeros contactos con el patriarca Abraham podría parecer que es racista: «Engrandeceré tu nombre» «tu descendencia será como el polvo de la tierra y las estrellas del cielo» «haré de ti una nación grande y poderosa» «eres mi especial tesoro» «eres como la niña de mis ojos» y, por si esto fuera poco, instituye la circuncisión como distintivo de su exclusividad.
Sin embargo no se puede perder de vista que aquel pueblo surgía con el objetivo de ser bendición a todas las familias y naciones de la tierra.
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