Nidia y su perla

BEATRIZ GARRIDO

No sé cuantos de vosotros sabéis la historia de Nidia, la florista ciega de “Los últimos días de Pompeya”. A esta joven, su ceguera no la amargó, ni la hizo aislarse del mundo, ni quedarse sentada en su casa; sino que salió a enfrentar la vida, ganando el sustento de la mejor forma posible. Cuando llegó el día de la terrible erupción del Vesubio, que sumió a la ciudad en tinieblas como si fuera medianoche, bajo una espesa capa de humo y cenizas, los aterrorizados habitantes de la ciudad corrían a ciegas de un lado a otro, perdidos en medio de tanta negrura; pero Nidia no se perdió.


Debido a su desventaja, había aprendido a caminar guiándose por el tacto y el oído. Porque aprendió a caminar con rapidez y seguridad en medio de su oscuridad, había transformado su desventaja en un tesoro para salvar su vida y la de los suyos.

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