Cada vez más personas sufren crisis de madurez por la idea de vivir siempre jóvenes. Son niños grandes; egocéntricos, solterones y evitan cualquier tipo de compromiso. Tienen más de 30 años y un ritmo de vida propio de un joven estudiante. El cambio de hábitos sociales, con la exaltación del individualismo y la imagen, los ha ayudado a perpetuar su estado.