William Wilberforce, el Martin Luther King inglés del siglo XIX

Sublime gracia que salvó a un impío como yo reza uno de los himnos más conocidos en las iglesias evangélicas del mundo entero, una gracia que inspiró a un antiguo capitán de barco negrero, John Newton, tras una profunda experiencia de arrepentimiento y conversión a Jesús para componer una melodía y una letra que dos siglos después no ha perdido un ápice de su fuerza. Esta misma gracia también guió al principal artífice de la abolición de la esclavitud en el imperio británico, William Wilberforce, en su incansable labor hasta que, tres días antes de su muerte, vio como el Parlamento británico daba luz verde a la abolición de esta lacra social que aún hoy padecen millones de personas.


Precisamente es la vida de William Wilberforce la que acaba de llegar a los cines españoles el pasado 11 de septiembre, relatando su feroz lucha contra la esclavitud, con el título de “Amazing Grace”.

Era mediados de 1785, cuando un joven rico y miembro del Parlamento británico desde los 21 años, William Wilberforce, se debatía entre seguir o abandonar la vida política a causa de su reciente conversión al cristianismo de raíz evangélica. Compañeros políticos y, ahora también, de fe tenían que soportar las burlas de una clase acomodada británica que no veía con buenos ojos ningún tipo de fervor religioso, y eso era algo que este gran orador de Yorkshire conocía. Después de consultar con su buen amigo de tiempos universitarios, y en esos momentos también primer ministro, William Pitt, y también con el líder cristiano John Newton, que había abrazado la fe cristiana después de largos años como capitán de un barco negrero, estos le aconsejaron continuar con su vida política “con mayor diligencia y compromiso” de lo que había hecho hasta la fecha. Así, Wilberforce optó por trasladar su nueva fe a la vida política para transformar la sociedad desde los órganos de poder.

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