Aunque las elecciones de Estados Unidos despiertan atención en todo el mundo, las crónicas sobre la campaña de este año parecen querer recobrar ilusiones pasadas, evocando los grandes mitos de los años sesenta. En medio de tal ambiente de euforia y entusiasmo, resulta como un cubo de agua fría leer las páginas de este clásico contemporáneo norteamericano que es Todos los hombres del rey (1946), que ha reeditado ahora Anagrama, a propósito de una nueva versión cinematográfica que ha protagonizado Sean Penn. La increíble pregunta de la novela de Robert Penn Warren (1905-1989) es: ¿Qué pasaría si el poder en Estados Unidos estuviera en manos de un idealista, que decidiera distribuir la riqueza, para luchar contra la corrupción? Su conclusión no puede ser más devastadora...
Leer estas oscuras páginas, cuando renacen los sueños de la corte de Camelot -el reino de las sagas artúricas que los norteamericanos relacionan con el mítico gobierno de Kennedy-, puede parecer un ejercicio de excesivo cinismo. Este libro me ha abierto sin embargo a los ojos a la realidad humana que palpita detrás de esta sobrecogedora historia de una decepción. Ya que tras este cuadro de la ambición humana, hay mucho más que una denuncia del populismo. Lo que Warren nos desvela son los entresijos del alma humana, habitada por pasiones -tanto admirables como vergonzosas, nobles como villanas, altruistas como egomaníacas-. Esa realidad contradictoria que compone ese inmenso rompecabezas de que lo que somos…