BEATRIZ GARRIDO
Él ha sido mi hombro fuerte para llevar todas mis penas, mi castillo inexpugnable, donde me sentía segura, el que me daba los más sabios consejos cuando me encontraba en alguna encrucijada, mi médico, mi amigo, mi padre.
Lo recuerdo con su bata blanca en aquella inolvidable consulta a la que podía acudir cuando lo necesitaba y allí estaba él para mí, ofreciéndome siempre dos minutos entre enfermo y enfermo.
Los paseos junto a él escalando y sorteando las rocas de aquellas antiguas calas se convertían en una lección de sabiduría, y los viajes en aquella vieja barca de un pescador amigo eran una delicia que no olvidaré jamás.
Con él aprendí lo que significaba la palabra oración, lo que significa la dependencia absoluta de Dios y fue de su ejemplo donde aprendí que eran una verdad las palabras de aquella antigua canción: “Mejor es mi Cristo que el oro mortal, ser suyo prefiero que andar en el mal”.
Puede leer aquí el artículo completo de esta locutora y escritora de fe evangélica titulado Cuando tu padre envejeciere