Salve, Virgen de mayo

Recuerdo ahora un santo del siglo XX, Maximiliano Kolbe, condenado a morir de hambre y sed en Auschwitz, cuando se ofreció a sustituir a otro hombre al que había correspondido la desgracia de una condena similar. Antes de ser detenido, este franciscano polaco había promovido un gran apostolado de amor a la Madre de Dios a través de múltiples iniciativas editoriales agrupadas en una institución que llamó Ciudad de la Inmaculada. Años más tarde, Chiara Lubich, una maestra italiana, fundadora del movimiento de los Focolares, promovió unos ámbitos de espiritualidad que, también en honor de la Virgen, llamó Mariàpolis.
Pero no han sido sólo los fundadores adornados con diversos carismas los que han tenido en común el amor mariano, sino también el pueblo llano, que ha conservado tradiciones tan venerables como el ángelus, la salve, el rosario, la oración de san Bernardo y tantas otrasoraciones aprendidas en la infancia.
Juan Pablo II, que expresaba esta devoción con el lema «Totus Tuus», resaltó la belleza sublime de la devoción a la Virgen expresada en tantos santuarios y ermitas esparcidos por toda nuestra geografía. En Montserrat, montaña a la que llamó «un Magnificat en roca», se congratuló de que cada día se cantara la salve. En un acto mariano celebrado en Zaragoza, el mismo Papa dijo que esta oración, la salve, es, después del avemaría, la más popular de las oraciones, y citó los historiadores que la atribuyen a un autor español, el obispo de Compostela San Pedro de Mezonzo, a finales del siglo X.
En la salve llamamos María "vida, dulzura y esperanza nuestra» y le pedimos: «muéstranos a Jesús». Es lo que hace constantemente aquella a la que llamarán bienaventurada todas las generaciones. También nuestra oración puede dirigirse a la Virgen para que nos muestre su Hijo. No es el orgullo más grande de una madre mostrar su hijo? A través de su amor misericordioso (en Reus tenemos un gran santuario con esta advocación a la misericordia mariana), nos acercamos a Cristo y nos disponemos a seguirle. Ella nos dirá, como en Caná: «Haced lo que Él os diga», y encontraremos la paz y el amor que tanto deseamos en nuestra vida.
† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado