El mundo y el hombre, el otro templo de Dios

Para ser dueño de las cosas o de ti, necesito interiorizar que en la naturaleza Dios no gime, que en un feto Dios no lucha por nacer, que Dios no es el huésped misterioso de tu cuerpo de mujer o de hombre.
Para profanarte, necesito persuadirme de que Dios no es humillado cuando a ti te niego la dignidad del trabajo y del salario justo, de que Dios no sale contigo cuando emigras, de que Dios no llora en ti cuando sufres, de que Dios no es humillado cuando el alcohol o las drogas o el tabaco o cualquier otra esclavitud te reducen a ruinas.
Para destruir su casa, necesito pensar que Dios está ausente del niño con síndrome de Down, que Dios no se interesa de discapacitados profundos, que Dios no agoniza en un enfermo terminal, que Dios no muere en ti cuando tú mueres.
Mientras la conciencia individual no se revele y unamos fuerzas en la tarea de reparar el templo de Dios que es el hombre, todo en la vida podrá concurrir a completar su ruina: Todo, ¡también una foto!
+ Fr. Santiago Agrelo Martínez
Arzobispo de Tánger