Con los pobres

Jesús repetía el mensaje y lo practicaba con gestos de solidaridad y liberación. Mensaje que El sintetizó con una fórmula definitiva: “Yo vine para que todos tengan vida en plenitud”: El anunciaría el Reino por activa yu por pasiva, inculturadamente, hoy, aquí, y denunciaría el anti Reino , a todo riesgo, al riesgo de la Cruz, que herencia de todas las personas subversivas que optan por el Reino.
Anunciaría y practicaría el Reino siempre a partir de los pobres. Proclamándolos dichosos porque son los preferidos de Dios. Y daría a entender muy claramente que no se puede servir a Dios y al dinero; que no se puede servir a la justicia y a la fraternidad universal, sirviendo al mismo tiempo al capitalismo neoliberal.
Dentro de la Iglesia, en las religiones, armaría la mayor confusión por su fidelidad total a la voluntad del Padre que es amor por encima de todas las leyes y cánones. Con su presencia compañera en medio del pueblo y su aversión profética al poder ayudaría a desmontar muchos tinglados, en la religión y en la política, en la desolación del desempleo, en las fronteras de la migración, en la geopolítica del hambre y de las armas, en la deshumanización del consumismo.
Nos enseñaría de nuevo, con una novedad radical, el “Padre nuestro y el Pan nuestro”.
(El Ciervo, Abril 2012, nº 733)