Braulio da la comunión a Cospedal y Policarpo defiende el sacerdocio femenino

Disparan contra todo lo que se mueve. Los ultracatólicos andan siempre a la caza y captura de herejes. De dentro y de fuera. Y si no los encuentran, los inventan. El caso es colocar continuamente a alguien en la picota. Sea cura concejal, monja sin hábito o fraile sin sotana. En su ardor de martillos (martillitos) de herejes no hacen ascos ni a un teólogo amigo del mismo Papa y distinguido con su premio ni a un arzobispo fiel y seguro, como el de Toledo, ni siquiera a un cardenal-patriarca, como el de Lisboa. Se creen guardianes de la fe y apuntan contra todos los que se separan un milímetro de su recta y sana (apolillada) doctrina.

Estos días han puesto en su punto de mira a un arzobispo conservador como Braulio Rodríguez, titular de Toledo y Primado de España. Primero no les gustó un pelo que el sucesor de Don Marcelo (el último irreductible que hasta se opuso a la Constitución porque no citaba a Dios y prohibió la presencia en la procesión del Corpus al entonces ministro de Justicia, Fernández Ordóñez, por haber aprobado la ley del divorcio) abogase, en la homilía del pasado jueves, por la "opción preferencial por los pobres". Eso les suena a Teología de la Liberación, a marxismo y a herejía sin más. ¡Y en el Corpus y desde la cátedra de Don Marcelo...! ¡Vade retro!

Y para rematar la faena, Don Braulio se atrevió a dar la comunión a María Dolores de Cospedal. Y es que la flamante presidenta de Castilla-La Mancha está divorciada, según los ultracatólicos. Y un divorciado no puede acercarse a recibir la comunión. Por lo tanto, el arzobispo que conoce perfectamente su situación debería habérsela negado, sostienen desde sus atalayas. ¡A la hoguera con Cospedal y, de paso, con el propio arzobispo!

Olvidan que, como declaraba hace ya unos años la propia secertaria general del PP, «soy católica y además practicante, y el hecho de que esté divorciada y anulada -por la Iglesia, por cierto-, no me hace menos católica». La Iglesia anuló su matrimonio en 1998 y, en 2009, contrajo matrimonio civil. ¡Muy fino hay que hilar para negarle la comunión en esas circunstancias! Porque ni siquiera con el Código en la mano, está excluida de la comunión sacramental. Dos pájaros de una hoguera.

Con razón o sin ella, Don Braulio les ha salido rana y, desde ahora, lo colocarán en su diana. Claro que hace tiempo que todo el mundillo eclesial les tiene calados. Ya no podrán cobrarse más piezas. Y menos del tamaño de Don Braulio, alto y apuesto arzobispo de Toledo y futuro príncipe de la Iglesia.

Pero ni ante los purpurados detienen su furor. La otra pieza contra la que disparan estos días es nada menos que el arzobispo de Lisboa, el patriarca José Policarpo, al que el Papa (en signo de confianza) acaba de prorrogar dos años al frente de la archidiócesis lisboeta. El "pecado" de Policarpo es atreverse a decir lo que otros muchos eclesiásticos piensan: que "no hay objecciones teológicas fundamentales al sacerdocio de la mujer".

Menos mal que la Iglesia portuguesa es soberana y los ecos de nuestros ultracatólicos-buscadores de herejes no son capaces ni de llegar al país vecino. ¡Ni falta que les hace!

Pero ellos no se cansan. Inasequibles al desaliento, seguirán buscando herejes. Como el que busca conejos. Les encantan las hogueras, en cuyas llamas se cuecen a fuego lento.

José Manuel Vidal
Volver arriba