El arzobispo de Santiago,
Julián Barrio, se acaba de mostrar absolutamente seguro del éxito del Año Santo 2010, a pesar de que le preocupe una cierta banalización del fenómeno jacobeo. Más aún, está incluso esperanzado en que el Papa pueda visitar Galicia en esas fechas. La Iglesia compostelana ha hecho los deberes con tiempo y tiene ya todo absolutamente preparado para el comienzo de ese gran acontecimiento social y eclesial. Con su estilo suave, dialogante, pero eficaz, el prelado gallego está dando muestras de una gran capacidad de organización y de previsión.
Y se está convirtiendo, por méritos propios, en uno de los mejores arzobispos de Santiago de las últimas décadas. Monseñor Barrio
encarna a la perfección el papel de pontífice o puente de comunión entre los distintos sectores clericales y eclesiales gallegos. Equidistante de tirios y troyanos, sitúa su magisterio como punto de encuentro y de comunión. Y eso, en una Iglesia a veces tan polarizada y excluyente, da réditos.
El Año Santo será un éxito asegurado. Con muchas probabilidades de que el propio Papa Ratzinger ponga la guinda y vuelva a recordar, desde el final del Camino, a su predecesor y su famoso discurso sobre las raíces cristianas de la Europa vertebrada por la ruta xacobea. Y en ese proceso (venga el Papa o no venga)
lo lógico sería pensar que el arzobispo de Santiago consiguiese el capelo cardenalicio y Compostela volviese a tener cardenal. La archidiócesis gallega lo merece y su titular, también. En Roma lo saben y están estudiando a fondo el tema. Esperemos que con resultados favorables.
José Manuel Vidal