Olegario, teólogo valiente y libre

A Olegario González de Cardedal, el flamante Premio Ratzinger o Nobel de Teología, nadie le puede negar el ser uno de los mejores teólogos españoles. Se le puede discutir (y va en gustos, escuelas o sensibilidades eclesiales), si es el primero, el segundo o el tercero, pero no que esté entre los mejores. Porque Olegario es un teólogo con obra. Con obra seria y de referencia, digo. Y de ésos no hay muchos en España. Y menos, los Sayés e Iraburu, que se atreven a ponerle peros a su Cristología. Pero, además de ser bueno, con la edad ha ganado en libertad y en valentía. No conozco a casi ninguna personalidad eclesiástica que se atreva a señalar directamente al Opus Dei. Y menos, en estos momentos, en los que la Obra se ha convertido en una especie de institución-tabú, a la que todo el mundo critica en privado, pero nadie se atreve a hacerlo públicamente. Olegario lo hizo y le llueven las críticas de los más papistas que el Papa.

Los ultracatólicos y sus terminales mediáticas digitales se han convertido en una especie de moderna Inquisición online. Buscan herejes por doquier y, si no los encuentran, los inventan. Pero Olegario les ha salido respondón. Además, es amigo (de los pocos que son realmente amigos) del Papa. Y acaba de ser premiado con el premio del Papa, supervisado por el Papa y que le va a entregar el propio Papa.

¡Pena de Iglesia patria, donde hasta Olegario pasa por hereje! ¡Pena de Iglesia española donde Blázquez es la izquierda! Olegario es un gran teólogo conservador, claro está. Por eso es amigo y fue colaborador del Papa Ratzinger. Pero teólogo intachable y con pedigrí. ¿A dónde quieren llevar estos ultracatólicos a la Iglesia española para que los teólogos y los obispos más moderados se sientan permanentemente vigilados y en el disparadero de acusaciones de heterodoxia?

Olegario no es mi teólogo de cabecera, pero lo respeto y admiro. Digo más. Apuesto a que, cuando el profesor emérito de Salamanca, cumpla los 80 años, Benedicto XVI le concederá el birrete cardenalicio. Como hizo Roma con otros grandes teólogos como von Balthasar o Congar. Pero ni la púrpura le pondrá a salvo de las críticas desaforadas de los ultracatólicos. Sistach la tiene y le asaetean un día sí y al otro también. Así son los fundamentalistas...Menos mal que, con estas y otras meteduras de pata, se desacreditan totalmente. Por muy conservadora que sea (y en estos momentos lo es) la Iglesia jerárquica nunca volverá a la Inquisición. Y menos, de los sucesores del “martillo de herejes” de Trento.

José Manuel Vidal
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