Propuestas pastorales con una campaña de ilusión

Doctrina de la Fe acaba de publicar una amplia serie de propuestas pastorales para el Año de la Fe. Propuestas para todos los niveles. A veces, exhaustivas. Propuestas razonables, de sentido común. Nadie podría objetarlas. Tras leerlas, me Parecen bien, pero me suenan a ya vistas, aunque no todas puestas en práctica. O dicho de otra forma, no encuentro nada sorprendente. Faltan propuestas realmente innovadoras. Y, sobre todo, para activar las recomendaciones de la "Suprema" haría falta, a mi juicio, crear en la Iglesia universal (especialmente en la española) un clima de ilusión.

Resucitar aquella época gloriosa del postconcilio (ahora que se celebran los 50 años de su convocatoria), en la que la Iglesia universal y, especialmente, la española se puso en actitud de misión. España, país de misión. Reinaba un clima de alegría, de esperanza, de camino a recorrer todos juntos, de nuevas cosas, de iniciativas pastorales. Un clima que ilusionó en profundidad al pueblo y al clero.

Los fieles se sentían, por vez primera, Iglesia. Se aplicó, entonces, a la praxis eclesiástica el principio de la Iglesia, pueblo de Dios. Y se crearon organismos que lo posibilitaban. Como los consejos pastorales de las parroquias. Y la corresponsabilidad de los laicos en muchas de las tareas pastorales.

Habría que retomar de nuevo este principio y volver a aplicarlo con convencimiento y con garantías de funcionamiento. Sólo con la implicación ilusionada de los laicos podremos poner en marcha la nueva evangelización. Es la hora de los laicos, entre otras cosas porque cada vez hay menos curas. Pero siempre que los pocos que vayan quedando no vuelvan al rancio clericalismo de antes del Concilio. Nada de curas funcionarios de lo sagrado.

Y, sobre todo volver a ilusionar a los curas. Muchos de ellos están cansados, desatendidos, con pocas fuerzas vitales por la edad media, que ronda los 70. Pero a la gran mayoría le siguen consumiento del "celo de la casa del Padre". Jóvenes, maduros y ancianos están deseando que sus obispos los llamen para relanzar una nueva campaña de reevangelización.

Salir a l a calle, hablar con la gente, proponerles a Dios con sencillez y humildad. Y con las palabras de hoy. Sin esperar sentados en las iglesias. Salir en busca de los alejados. La gente ya no se acerca a las parroquias. Hay que buscarlos: atención a los enfermos, testimonio de fe, ayuda a los más pobres y necesitados, presencia en los momentos imoportantes de la vida de la gente y de los pueblos y barrios...

Movilizar diócesis y parroquias. Crear un clima de ilusión. Una nueva primavera, como la del Concilio. De lo contrario, las recomendaciones caerán en saco roto y no seducirán a nadie, porque no tendrán poder de cautivar. Un nuevo clima eclesial en el que obispos y curas contagien amor, alegría y esperanza. La gente lo está deseando y esperando, en medio de los nubarrones de la crisis.

José Manuel Vidal
Volver arriba