A veces no sonríe, porque no puede. A veces, pasa por ser un jerarca distante. Pero, en el fondo, el cardenal de Madrid,
Antonio María Rouco Varela, es un párroco de pueblo que llegó a cardenal. Y la vena de párroco le sale, sobre todo, cuando se mezcla con la gente y se ve rodeado de niños.
El pasado lunes, el cardenal de Madrid recibió al
padre Angel, fundador y presidente de Mensajeros de la Paz, acompañado de un grupo de niños de Benin y de El Salvador. Los mismos que, días antes, fueron recibidos en el Vaticano por el Papa y por el Secretario de Estado, cardenal Bertone.
Rouco estuvo amabilísimo con los niños. Hasta se tiró por el suelo para jugar con ellos. Como un chavalín más. Y por supuesto, les repartió bombones a profusión. Y lo que es más importante, besos.
"Besó a los niños, que es lo que más les gusta y les gratifica, además de bromear con ellos sin parar. Hasta les invitó a cantar la canción de los angelitos negros de Machín, que entonó perfectamente", cuenta el Padre Angel.
Sumamente agradecido a la deferencia del cardenal de Madrid, el padre Angel recuerda que monseñor Rouco es de los pocos prelados que suele terminar su pastoral anual dirigida a los niños "
con besos y no con bendiciones".