La estrella de Blázquez comienza a brillar en Roma

Un reconocimiento explícito y especial para un obispo que antepone el servicio al lucimiento y el mayor bien de la Iglesia a su carrera.
Un prelado que tuvo la "desgracia" de que sus colegas obispos lo eligiesen para desbancar durante un trineo al todopoderoso cardenal de Madrid al frente del episcopado. Sin quererlo ni buscarlo. Porque no es su estilo buscar puestos.
Un obispo que pacificó Bilbao y se hizo querer por todos. Un prelado preparado para las más importantes diócesis vacantes. Pero el vencer a Rouco y el no encontrarle sustituto adecuado para la sede vizcaína tienen "castigado" al bueno de Blázquez en el País Vasco. Por eso perdió el tren de Toledo, donde suspiraban por él.
Ocupada Sevilla y Valencia, a Blázquez sólo le queda la salida de Madrid. Para suceder a Rouco en el 2013. Esa es al menos la estrategia que empieza a barajarse en Roma. Con las oportunas cautelas. Es hilar a cuatro años. Pero los tiempos de Roma, ya se sabe...
Porque, en Roma, están apostando también por el temple moderado, el estilo dialogante y los obispos capaces de ser de todos. Porque Blázquez, aunque a veces parezca lo contrario (de tanto como ha virado a la derecha el péndulo eclesiástico español) no es ningún rojo. Más bien conservador, fue el sistematizador de la teología de los Kikos y, por lo tanto, estuvo muy próximo al Camino Neocatecumenal.
Su virtud es que, una vez elegido obispo, tanto en Santiago de Compostela (como auxiliar de Rouco), como después en Palencia y ahora en Bilbao supo ser obispos de todos. Y por todos querido y apreciado. Por su preparación, sus dotes y su experiencia pastoral está llamado a ser uno de los líderes (quizás el líder) de la Iglesia española del mañana. Roma no da puntada sin hilo. Al tiempo.
José Manuel Vidal