Que hagan portavoz a Barriocanal

Un apologeta de hoy. Defiende la fe y a la Iglesia, pero con humildad, sin prepotencia. Y con la sencillez y el lenguaje actual. Es un portavoz perfecto de la Conferencia episcopal. Laico, bien formado, seguro doctrinalmente y experto en temas tan complicados como la gestión de los dineros de la Iglesia española y de la cadena radiofónica de los obispos. Actividades que complementa (al parecer, con calma y cierta facilidad, porque nunca pierde la sonrisa) con sus clases de profesor de Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid y con sus actividades pastorales. Hasta da catequesis en su parroquia.
Da buena imagen y, además, transmite bien. ¿A qué esperan los obispos? Y para no hacer de menos al actual portavoz, monseñor Martínez Camino, lo tienen muy fácil: separar los dos cargos que, en estos momentos,aglutina. Dejar a Camino con el de secretario general del episcopado (del que no se apeará, al menos mientras Rouco sea presidente) y nombrar a Barriocanal, portavoz.
La lección de "toreo" de Barriocanal ayer, magistral. Y no es fácil vender lo que hace la Iglesia. Porque hace muchas, muchísimas cosas bien, pero se desconocen. Y sigue primando en la gente la idea de una Iglesia rica y aliada con los poderosos. Una idea a la que contribuyen fastos como la JMJ.
A la contra, luchando contra la imagen de la Iglesia del no, el gerente de Dios sabe poner de relieve como nadie lo positivo. Y plasmarlo en datos concretos, que son el máximo anzuelo para los medios. Hasta calcular las horas que los agentes pastorales dedican a los demás (43 millones de horas) que, en dinero contante y sonante, supondría un importe de 1.889 millones de euros. O los más de 3,6 millones de personas fueron asistidas en 2009, frente a los 2,7 millones del año anterior. O el ahorro en educación de 4.399 millones de euros a las administraciones públicas. Y así, sucesivamente.
Y cuando se le preguntó por qué, a pesar de esta impresionante hoja de servicios, la Iglesia jerarquica española sigue teniendo tan mala imagen y tan poco credibilidad social, no se fue por las ramas. Lo reconoció sencillamente y propuso a los obispos que insistiesen menos en el mensaje doctrinal y moral y más en el propositivo y seductor del Evangelio. Y hasta aprovechó para lanzar el kerigma: "Cristo es el único que puede hacer feliz al hombre de hoy" y "la Iglesia puede dar esperanza y sentido vital a la gente, incluso en medio de la crisis".
José Manuel Vidal