Un joven luchador asesinado Camilo Catrillanca, hijo de la tierra y de la resistencia mapuche

Camilo Catrillanca, hijo de la tierra y de la resistencia mapuche
Camilo Catrillanca, hijo de la tierra y de la resistencia mapuche

Camilo Catrillanca fue dirigente en el Liceo Politécnico de Pailahueque y en las movilizaciones de estudiantes del 2011 y fue partícipe de actos de recuperación de tierras en la comuna de Ercilla. Lideró una toma de estudiantes secundarios en la Municipalidad de Ercilla que terminó 13 días después tras lograr un acuerdo en el que se contemplaba la creación de un Liceo intercultural y el aumento de becas para los estudiantes.

Era el tractorista de la comunidad Temucuicui, donde vivía él y su familia. Le enseñaron desde niño a manejarlo para asumir esa tarea cuando fuera mayor y con él atendía a unas 120 familias. Trabajaba el suelo, hacía leña y labraba los huertos.

El camino donde recibió el impacto de bala era el que siempre hacía desde la casa de sus padres a la suya. El 14 de noviembre de 2018 fue su último viaje.

Camilo recibió un disparo en la parte posterior de la cabeza, fue trasladado de forma imprudente por los mismos carabineros que le habían abatido a un centro asistencial donde murió mientras recibía atención médica.

En el velatorio había una foto de él de niño montado a caballo arriba de su féretro. En los funerales su cuerpo fue llevado en un carro tirado por caballos como es costumbre en la tradición mapuche. Y fue enterrado en tierra mapuche recuperada de Temucuicui.

El crimen de Camilo Catrillanca es un episodio más en el proceso de exterminio del pueblo mapuche. 

Camilo Catrillanca Marín nació en la localidad de Victoria el 13 de septiembre de 1994. Era nieto del lonco Juan Catrillanca e hijo de Marcelo Catrillanca presidente de la comunidad mapuche “Ignacio Queipul Millanao”.

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Camilo Catrillanca fue dirigente en el Liceo Politécnico de Pailahueque y en las movilizaciones de estudiantes del 2011 y fue partícipe de actos de recuperación de tierras en la comuna de Ercilla. Lideró una toma de estudiantes secundarios en la Municipalidad de Ercilla que terminó 13 días después tras lograr un acuerdo en el que se contemplaba la creación de un Liceo intercultural y el aumento de becas para los estudiantes.

Era el tractorista de la comunidad Temucuicui, donde vivía él y su familia. Le enseñaron desde niño a manejarlo para asumir esa tarea cuando fuera mayor y con él atendía a unas 120 familias. Trabajaba el suelo, hacía leña y labraba los huertos.

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El camino donde recibió el impacto de bala era el que siempre hacía desde la casa de sus padres a la suya. El 14 de noviembre de 2018 fue su último viaje.

Al momento de su muerte tenía una hija de 4 años, Huacolda y su pareja Katherine Antín estaba embarazada de su segunda hija, Camila, que nació en mayo de 2019, a seis meses de su asesinato.

Los hechos

Camilo Catrillanca recibió un disparo por la espalda el 14 de noviembre de 2018 durante un operativo llevado a cabo por una unidad del Grupo de Operaciones Policiales Especiales de Carabineros llamada “Comando Jungla”.

Camilo conducía el tractor de la comunidad y viajaba junto a un adolescente de 15 años en el momento en el cual un grupo de las Fuerzas Especiales de Carabineros dispararon contra ellos por la espalda. Camilo recibió un disparo en la parte posterior de la cabeza, fue trasladado de forma imprudente por los mismos carabineros que le habían abatido a un centro asistencial donde murió mientras recibía atención médica.

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En el velatorio había una foto de él de niño montado a caballo arriba de su féretro. En los funerales su cuerpo fue llevado en un carro tirado por caballos como es costumbre en la tradición mapuche. Y fue enterrado en tierra mapuche recuperada de Temucuicui.

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¿Por qué mataron a Camilo Catrillanca?

El pueblo mapuche del territorio de Chile habitaba entre el río Choapa en el norte y las islas de Chiloé por el sur.  Tras una larga resistencia a la conquista española, los mapuche se vieron obligados a replegarse hacia el sur, logrando mantener la frontera en el río Bío-Bío durante más de dos siglos.

En 1641, el rey de España, en el Pacto de Quilín, reconoció la inviolabilidad del territorio y la autodeterminación mapuche al sur de este río, lo que fue ratificado por el Parlamento General de Negrete de 1803. Más tarde, la naciente República de Chile, en 1825, en el Tratado de Tapihue, estableció que no violaría esta frontera.

Sin embargo, este compromiso fue transgredido por el Estado de Chile a mitad del siglo XIX a través de la “Pacificación de La Araucanía”, término eufemístico para denominar la ocupación del territorio al sur del río Bío-Bío para incorporarlo a la agricultura, erradicando a los mapuche a reducciones a través de “títulos de merced”, quedando así confinados a 500 mil hectáreas, esto es, un 5% de su territorio original. El otro 95% de las tierras fue entregado a colonos extranjeros y chilenos. Posteriormente, continuaron siendo víctimas de despojos mediante amedrentamientos y farsas judiciales, acrecentándose su proceso de pauperización.

Entre noviembre de 1868 y mayo de 1869, trece divisiones del ejército se internaron al corazón del Wallmapu arrasando con todo cuanto pillaron a su paso. Según testigos, en esta guerra de “tierra arrasada” o “guerra de exterminio”. Esta arremetida desde el Estado chileno fue pillaje y baño de sangre. Se apresaba al mapuche que se cruzara por delante y se asesinaba a mujeres, ancianos y niños, sin mayor distinción. A veces, estos últimos eran tomados cautivos y enviados a las ciudades de Concepción, Chillán o Santiago. Allí eran finalmente repartidos como “mocitos” y “chinas” para el servicio doméstico de aristocráticas familias.

Durante el gobierno de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende en 1970, se creó el Instituto de Desarrollo Indígena y fueron restituidas 200.000 hectáreas a las comunidades mapuche. Pero la dictadura militar en el año 1974 interrumpió el proceso de Reforma Agraria y sus participantes fueron perseguidos.  Las tierras fueron restituidas a los antiguos dueños, algunas rematadas y otras pasaron a manos del Estado y de oficiales golpistas. Así se buscó aniquilar la cultura mapuche, a lo que se sumó la expansión forestal que reemplazó a los bosques nativos por miles y miles de hectáreas de monocultivos de especies foráneas, como el pino y el eucalipto, con nocivas consecuencias ecológicas.

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El crimen de Camilo Catrillanca es, por lo tanto, un episodio más en el proceso de exterminio del pueblo mapuche.  Camilo como un joven mapuche de 24 años era un “blanco” vigilado por Carabineros de Chile, de acuerdo con la “Exposición coordinación zona control orden público”, de la Unidad de Inteligencia Operativa Especializada de Carabineros porque era un relevante dirigente estudiantil en el liceo de Pailahueque y en su propia comunidad con la restauración de tierras ocupadas y la defensa de la identidad cultural y la cosmovisión ancestral mapuche.

Por eso le dispararon por la espalda y le mataron, tal como ocurrió durante la “Pacificación de La Araucanía” del siglo XIX. Para imponer la “civilización” y el “progreso” del sistema capitalista neoliberal y neocolonial, es necesario exterminar a quienes mantienen vivo el espíritu del pueblo, estigmatizando al movimiento de reivindicación mapuche, adjudicándole delitos comunes para desvalorizar su lucha y persiguiendo y encarcelando a los dirigentes más lúcidos, como lo era Camilo Catrillanca.

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El Estado chileno aplica la política de la “zanahoria” para los que accedan a las ofertas del mercado y el “garrote” para los que reivindican la autonomía territorial, como la Coordinadora Arauco-Malleco y Alianza Territorial Mapuche en la que militaba Camilo.

La “pacificación” de La Araucanía continúa y continuarán los crímenes de los agentes del Estado hasta que éste reconozca que la autodeterminación del pueblo-nación mapuche y devuelva las tierras arrancadas por siglos de violencia.

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