Aprovechar la enfermedad

No conozco a Don Edelmiro; pero me consta que es un cura de talla a juzgar por lo que de él leí: Se trata de una familia numerosa, mas profundamente dividida. Don Edelmiro consiguió unirla gracias a su buen acierto pastoral. Eran seis hijos varones incapaces de reconciliación.
El sacerdote buscaba el momento de arreglar la situación, pero sin ningún resultado. Al fin se presentó el momento oportuno: la grave enfermedad de la madre. El médico le daba poco tiempo de vida. Nuestro sacerdote acudía a la casa a diario para ayudar a la señora en el paso hacia la eternidad.
Los chicos, con rostro huraño, se encontraban juntos, silenciosos, en la sala principal. El cura -bien relacionado con todos ellos por separado- entró en la habitación y les dijo: "Vuestra madre va a morir y se lleva una pena muy grande en el corazón. Vamos a pasar todos a su cuarto y ella os lo dirá." Mas la madre no pudo pronunciar palabra. Hizo un gesto como para unir a los seis, y al final ellos mismos se fundieron en un abrazo. La madre expiró unas horas después. Pero aquellos hermanos quedaron reconciliados para siempre.
Fueron estos hechos el fruto de una buena administración de sacramentos. Cuando el ministro de Dios entra en la casa del enfermo para preparar los ritos sagrados de Unción y Viático, va calando en el domicilio un ambiente esperanzador. Se crea un clima sereno, religioso, de oración. Muchas situaciones dolorosas llegan a arreglarse entonces. Y a los miembros de la familia les quedará mientras vivan un recuerdo lleno de paz, al ver cómo la persona amada ha partido hacia Dios con una preparación excelente.
Para ello es necesario que no aguardemos hasta los últimos momentos para llamar al sacerdote. Por supuesto que es posible y bueno administrar la Unción a un paciente que se encuentra en estado de coma. Es un sujeto capaz de recibirla siempre que se pueda presumir razonablemente que la hubiera solicitado estando en lucidez. Pero cuánto mejor, si el tiempo lo permite, recibir estos auxilios divinos con plena consciencia. Los sacramentos no hemos de considerarlos como ritos aislados sino gestos llenos de expresividad, cargados del amor de Jesús a los hombres, fuentes de gracia y santidad.
Y no olvidemos que la Unción oferta al enfermo la salud integral tanto del alma como del cuerpo. Sería demasiado arriesgado pedir todos estos efectos cuando el paciente se encuentra agonizando.
Y no abriguemos temor a estos sacramentos, sino hemos de solicitarlos con paz y esperanza. Son parte de nuestra garantía para la eternidad.
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