Todos pensábamos que en el siglo XXI, y muy pronto, iba a desaparecer la ley del celibato. Nos equivocamos.
El Papa Benedicto XVI no parece estar en ello, a juzgar por el cerrojazo último pasado. Quienes empezamos en la década de los setenta a luchar por un celibato opcional, ya estamos en el atardecer de la vida y para nosotros no pedimos ya nada, sino examinarnos sobre el amor.
Pero la causa es justa y no tiramos la toalla. Muchos quieren hacer del tema del celibato sacerdotal algo dogmático. Incluso hay quien piensa que es de Derecho Divino. Cosas absurdas a todas las luces. No se puede llegar a esas aberraciones, después de haber leído las cartas de San Pablo y la práctica del mismo Jesucristo. Pero cada uno piensa según le parece.
Leo una carta de un diácono que ha enviudado y le aplican la legislación celibataria para no concederle nuevas nupcias. Eso sí, siguen concediendo el matrimonio a los conversos de la Iglesia anglicana. Aunque nuestra voz sea cada vez más débil, con respeto y firmeza pedimos a quienes dirigen la Iglesia tengan en cuenta esta demanda de gran parte de los católicos y lleguen pronto a legislar por un celibato opcional. Lo pedimos sin arrogancias, pero con firmeza.
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