Creo o tengo Fe

Colaboración de Olga Bergantino, de Panamá (1)

Hola queridos amigos nuevamente yo. Quisiera compartir con ustedes una meditación sobre esto de creer o tener fe.
De acuerdo al diccionario, creer es igual que tener fe, pero depende, de acuerdo a mi experiencia, como uso esta palabra “creer.”


Estamos acostumbrados a usar creer como un “a lo mejor”. “quien sabe”, “depende”, “puede que sí, puede que no”, quizás, y de tanto usarla bajo esta premisa, hemos perdido la conciencia que Creer, es tener Fe, y tener fe es no dudar, estar seguros, reconocer que eso de lo que estamos hablando es cierto, y por consiguiente, esperamos, confiamos en el resultado.

¿Sera por eso que cuando rezamos el Credo, no somos muy conscientes de la responsabilidad que conlleva orarlo en la certeza que El nos está escuchando y conoce nuestros corazones y nuestros pensamientos?

Hay un refrán aquí en mi tierra que dice “la costumbre se hace ley”, y es cierto, perdemos la perspectiva y nos vamos alejando de la realidad de lo que decimos y hacemos.
Antes de seguir adelante deseo poner unos ejemplos del uso de “creer”. Por ejemplo “creo que va a llover” pero esto no quiere decir que es cierto, sino que a lo mejor ocurre. Decimos “creo que el examen va a salir bien, tampoco quiere decir que va a ser así sino que a lo mejor va a suceder, que ojala sea así. Etc etc etc.

En cambio, cuando decimos “tengo fe en esto” usualmente (a pesar de alguna duda) verdaderamente esperamos que sea como decimos, e internamente rogamos a aquel en quien creemos, nos conceda esta gracia.
Para mi es más fuerte y más contundente nuestra creencia cuando usamos la palabra Fe.

El Catecismo Católico dice textualmente lo siguiente: “La fe es la respuesta del hombre a Dios, que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre, que busca el sentido último de su vida.

Que profundas y bellas estas palabras. Dios se revela al hombre por medio de la fe para iluminarlo y llevarlo de la mano a su realización total como hijo suyo.
La Fe es un Don de Dios, es un regalo que nos da para que compartamos con Él, su vida desde cuando nació, hasta cuando padeció por nuestra salvación; y así compartir y proclamar sus enseñanzas.

En el Catecismo católico 37 dice esto: “La Iglesia, nuestra madre, mantiene y enseña, que Dios , principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza, mediante la luz sobrenatural de la razón humana a partir de las cosas creadas. Sin esta capacidad, el hombre no puede acoger la relación con Dios. El hombre tiene esta capacidad, porque fue creado a semejanza de Dios.”

Definitivamente esto nos lleva a querer relacionarnos con Dios por medio de la fe, pero para eso tendremos que tener una fe muy firme y un puro deseo de encontrarlo para conocerlo, de conocerlo para amarlo, de amarlo para seguirlo con fidelidad y de seguirlo para poder encontrarnos con El al final de nuestra vida terrena. Todo esto solo lo lograremos por la fuerza que nos da el Espíritu Santo, a los hombres que lo buscan con recto corazón.

Tener fe nos lleva a conocer profundamente la realidad de Jesús, hijo del Padre, pues El nos ha dicho, “el que me ve a mí, ve al Padre que me ha enviado”, “nadie va al Padre, sino es por mi”.

Se nos ha dicho que solo lo que vemos, tocamos, oímos, podemos creer, pues lo demás no se puede comprobar.
Sin embargo hay algo mucho más importante, nuestro corazón, ahí en lo oculto de este corazón se nos va hablando, se nos va guiando, se nos va revelando la existencia de ese al que todos queremos encontrar pero que no logramos porque el ruido del mundo opaca y oculta esta voz.

C.C. 50: “Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza, al partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación Divina.”

Esta revelación, hermanos, solo la conseguiremos a través de la Fe.

Porque para conocer esta revelación, tenemos que compartir con Jesús su vida… Y esta vida solo la podemos conocer a través de sus palabras y de su testimonio de vida que únicamente encontraremos en la lectura de los Evangelios.

La fe crece paso a paso con el conocimiento de Dios. Y si conocemos a Jesús, conocemos al Padre que nos los ha enviado.

Al conocerlo, lo podemos trasmitir por medio de nuestros actos, y al ir haciendo nuestra su vida, vamos siendo semejantes a Él, y nuestra fe crece y se afianza a través de esta experiencia enriquecedora.

Tengo fe que en algún momento podamos decir como San Pablo: “ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mi.”

(1) Olga Bergantino es una señora de Panamá. Ha entregado la mayor parte de su vida a la causa del Evangelio.
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