Me viene a la memoria ahora algo que desde el seminario comencé a gustar: el don de sabiduría. Y, de verdad es algo que comprendí desde entonces: del verbo latino "separe", saborear.
Muchas veces me suelo recrear, suelo degustar palabras llenas de contenido espiritual, que te llenan de amor a Dios. Poco a poco vamos experimentando las cosas de Dios, vamos llegando a un conocimiento de las cosas de Dios tan positivo que se nos imponen como un hecho sensible. ¡Sentir y gustar las cosas de arriba, las grandes verdades de nuestra fe! No hay placer comparable en la tierra por lo duradero, suave, gratificante. Pasan días y permanecemos con aquel sabor dentro de nuestro espíritu. Basta evocar una palabra, una idea sencilla, para llenarnos de este gusto de Dios: "entrega;
sagrario; Tú eres la porción de mi herencia; a quién iremos, Tú sólo tienes palabras de vida eterna; gustad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a El; Tú eres nuestro refugio y salvación..."
A veces verdades antaño áridas cobran después de mucho meditarlas un hechizo imborrable. ¡Qué maravilla este don del Espíritu, este don de Sabiduría! Tal vez sea el más apreciado por mí.
Ya verás: vamos a ir notando, movidos por este don, el olvido de nosotros mismos y un mayor desprendimiento de las cosas del mundo. ¿No te ocurre a veces pensar lo maravilloso del cielo, cuando aquí, con una simple palabra, nos vemos envueltos en una emocionante atmósfera sobrenatural?
San Ignacio quería que todo lo de Compañía fuera por caminos espirituales. El que entra ha de aspirar como fin únicamente servir a Dios; el que estudia o trabaja ha de procurar lo mismo: buscar la gloria del Señor y el bien de las almas.
Es maravilloso siempre el comienzo de las órdenes religiosas. Llenos de amor a Dios. Ojalá nosotros estemos siempre con este espíritu no sólo del comienzo de las congregaciones, sino también de los inicios de nuestra propia conversión. Merece la pena. Seremos más efectivos y más felices. Vamos a ayudarnos mucho tú y yo a mantenernos en estos santos deseos. Todo que hagamos en este sentido es poco. La vida lentamente va arrastrando hacia abajo.
José María Lorenzo Amelibia
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