Decía Santa Teresa que sus monjas no podían entretenerse en negocios de poca importancia., cuando se están ventilando cosas tan grandes como son las relativas al Reino de Dios.
Y es que nosotros también debemos emplear la vida en hacer algo positivo y constante por Dios. Mucha gente es indiferente y no ha recibido tantas gracias como tú y yo.
Por eso tenemos que ser generosos. Ser consecuentes con este amor que Dios nos atrae. Tenemos que procurar ser como una epifanía de Dios. El se ha mostrado inmenso y generoso comunicándose en nuestra vida. Tenemos que seguirle con más coraje y entrega.
¡Si de veras conociésemos a Dios, no nos importaría ser apóstoles suyos a tope! Las veinticuatro horas del día.
El ideal sería dedicarse al apostolado plenamente no a una edad determinada, ni en una profesión concreta. El ideal sería ser profesional del apostolado cuando el Señor inunda el alma con su amor, cuando uno esté ya "con su casa sosegada". No quiero decir con esto que antes no se deba hacer apostolado, pero sí potenciar en la Iglesia esta vocación de super - apóstol. De tal manera que con libertad se dejen abiertas las clausura. ¡Cuántas monjas en su edad madura podrían transformar un ambiente! ¡Y a cuántas personas casadas habría que liberarlas de sus trabajos normales para que se entregaran a la conquista del mundo dentro de la Iglesia!
Por desgracia no existen estas alternativas. Sí; ya lo sabemos que cuando uno rebosa amor, ya buscará sus cauces, como el río grande. Por otra parte el Cuerpo Místico de Cristo es una realidad. De ahí el deseo grande de oración, el hambre de Dios. El deseo de entrega en la soledad. Mi deseo es constante de hacer algo por los demás. Pero sobre todo algo que le ayude a ser mejor. Algo con relación a su vida interior.
No es mucho lo que hago y a veces pienso algo parecido a lo de Santa Catalina de Siena: ¿"Dios mío: qué útil puedo ser yo en el trabajo de la salvación de las almas, yo que no soy más que una pobre criatura tuya? Porque soy una mujer y no es propio de mi sexo querer enseñar a los hombres. Además no se preocupan por lo que nosotras decimos." Si esta mujer, tan santa así le decía al Señor, ¿qué tendría que decirle yo?