José Ángel Platero ha sido un hombre de grandes cualidades en medio de una gran sencillez. Como resumen de su ejemplaridad en muchas cuestiones humanas copio aquí el artículo de Carmelo Barrio aparecido en periódico El Correo: “El pasado día 17-5-2011 fallecía en Vitoria D. José Ángel Platero, un ilustre alavés, maestro de muchas generaciones de vitorianos, director del colegio Santa María y ejemplar representante municipal, de los del talante con mayúsculas, en los Ayuntamientos de Vitoria-Gasteiz y de Campezo, dos localidades que no olvidarán a este hombre comprometido, sencillo, cordial y auténtico.
Su muerte nos ha llenado de tristeza. Platero siempre ofrecía a quienes le conocíamos una confianza y una cercanía personal poco común. Con un gran sentido del humor, una inteligente simpatía y un compromiso inequívoco en la Transición por su tierra alavesa y por España supo transmitir a quienes hemos compartido con él muchos momentos políticos en el Partido Popular, algunos muy duros, una serenidad y un sentido común que ninguno olvidaremos. El profesor, el concejal, el compañero, el amigo ha partido de este mundo. Un hombre con profundas convicciones democráticas y morales ha dejado un hueco difícil de llenar en esta sociedad que necesita de referencias y valores.
Queda la escuela, el despacho municipal, la sobre de del partido, las calles por las que le gustaba pasear y encontrarse con la gente. Vitoria, Santa Cruz de Campezo, sus compañeros del PP y todos los amigos que ha tenido Platero siempre recordaremos a un gran señor y una buena persona”.
A esta breve reseña añado mi opinión sobre José Ángel: No fue un profesor cualquiera, sino un verdadero maestro católico. Se dio cuenta en todo momento de que su labor no era de mero enseñante, sino de verdadero educador. A pesar de que en sus últimos tiempos de docente había decaído mucho en las escuelas públicas la causa religiosa, él siempre la fomentó. A mí, como responsable del departamento de religión, me ofreció sumas facilidades, y su interés y preocupación por la educación católica fue constante.
Supo, eso sí, respetar la voluntad de los padres y la libertad de todos para no imponer nada, sino facilitar. Cuando se remozó el colegio arquitectónicamente, volvió a colocar los crucifijos en las aulas. Permitió a los profesores de religión, siempre con la anuencia del Consejo Escolar, incluso impartir en horas extraescolares catequesis para los niños que por, una causa o por otra, no acudían a las parroquias y deseaban esta actividad, Tenía Platero un gran amor a la Virgen María.
En su despacho de director colocó la imagen de Santa María de Vitoria, después de que la quitaran de su antigua hornacina tras las obras de restauración del Centro. Fomentaba y acudía todos los años a la ofrenda de flores y oraciones a la Virgen Blanca en el mes de mayo. Y en mayo le ha llamado el Señor a la eternidad. Algo que me llamaba profundamente la atención en él: era el olvido total de cualquier injuria que se le infería. Y lo perdonaba sin darle importancia y tratando a quienes se sobrepasaban con el mismo cariño anterior. Se podrían añadir, en una semblanza más amplia, muchos más detalles de su ejemplaridad como maestro católico. Esperamos que el Señor lo acoja en su gloria, como siervo suyo bueno y fiel.
José María Lorenzo Amelibia
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