Si viajas en alguna ocasión de Burgos hacia Valladolid, por Venta de Baños, verás a tu izquierda un monasterio del Císter: San Isidro de Dueñas. Entra allí: es remanso de paz, sosiego del caminante. Vale la pena detener el vehículo y permanecer en el santuario media hora en alabanza del Señor. En el interior deltemplo se encuentra un sepulcro sencillo. Murió joven su "morador", y hace un año ha sido elevado al honor de los altares con el título de Beato: el Hermano
¿Y quién era este Rafael Arnaiz? Estudiante de arquitectura, recibió la llamada de Dios hacia una entrega generosa y total a la vida contemplativa. Dejó a un lado todos sus proyectos anteriores e ingresó en la Trapa para orar durante toda su vida en alabanza del Señor y por la conversión de los pecadores.
Pronto comenzaron sus pruebas. Una diabetes perniciosa fue quebrantando su salud hasta el extremo de que no podía realizar la vida comunitaria. En la enfermería fue instalado durante gran parte de sus años de monje.
Querido enfermo, es necesario mirarse en el espejo de los santos; ver cómo han reaccionado personas de gran talla espiritual en circunstancias parecidas a las tuyas. La gracia de Dios nos llega con frecuencia a través de los hermanos en la fe. Así decía nuestro Rafael comentando sus dolencias:
"Mi enfermedad, ¿por qué hablar de ella? Una de tantas. Me produce solamente cansancio, hambre, mucha sed y falta de fuerzas. Todo lo demás va bien. Estoy contento de tener una enfermedad tan atractiva y que a veces me hace sufrir. Bendito sea Dios y bendita sea mi enfermedad que es el medio de que Dios se vale para cumplir sus designios en mi insignificante persona. ¡Qué grande es Dios! ¡Qué inmensa su misericordia!"
"La salud, ¿de qué me sirve? ¿Quién sabe si con ella ofendería a Dios? Soy feliz con lo que tengo; a nada aspiro que no sea a Dios. Y a Dios lo tengo en la pequeña cruz de mi enfermedad. ¿De qué me puedo quejar si en mi vida no veo más que la Misericordia divina? ¿Cómo no he de amar la soledad, si es en esa soledad donde me enseña la única ciencia que es desprecio del mundo y el arte de amarle a El?" (1)
Así pensaba un santo de su propia enfermedad. Así vivía el Santo Arnáiz en su dolor: centrado en Dios, a solas con Dios, en esperanza y felicidad incluso humana.
Que no nos venga nadie diciendo que la felicidad se encuentra únicamente en la salud. Pienso que los más felices de la tierra son los santos.