Moderación en la alegría


También en cuestión de alegría necesitamos moderación grande. Ciertamente no somos adolescentes, pero a pesar de todo es preciso estar sobre uno mismo. Buscar una alegría serena, fundada en Dios, dulce Huésped de nuestra alma.

Sólo una cosa es capaz de dar pleno gozo al alma entregada a Dios: el pensamiento de que Jesús vive en ella y por ella, como la esperanza de un amor eterno y de la unión indisoluble del cielo. Esto es maravilloso. Yo suelo pensarlo a menudo. Y tú también.


El amor nos ha de ir despojando nos irá despojando poco a poco de todo y seremos felices, porque a la vez nos veremos revestidos de Cristo. También nosotros hemos de combatir la tristeza aún más que la alegría excesiva. la tristeza es una emoción peligrosa. A veces ni conocemos la causa. a mí me da más miedo cuando la tristeza viene del tedio de la propia vida. Y, como me decía un amigo tiene gran cantidad de capas o grados. A veces se elimina con un paseo rápido y con respiración rítmica. Otras resulta el problema más complicado. Si alguna vez la tristeza permanece, a pesar de nuestros esfuerzos, debemos comunicarlo para ayudarnos a seguir adelante.

Pensar en hacer felices a cuantos nos rodean y ayudarles en sus problemas. Desear en todo momento agradar a Jesús con nuestros obsequios. Ojalá que el amor divino reine cada día más en nuestros corazones; que todos los demás amores se sometan a él; que nuestra gran afición sea pasar horas alabando al Gran Amor. En medio de las melancolías que suelen abundar a veces en el alma, vamos a emplear la autoridad de la voluntad superior.

Hacer lo que podamos para que sobre todas estas aflicciones triunfe el amor Divino. Lo mismo hacer si nos domina la ira, o quiere hacer presa en nosotros la envidia u otra pasión. Estar siempre en una serena tensión.

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