Obispos Animarnos mutuamente en la oración


Don XX ¡qué árida se hace la oración! Por eso tantos la abandonan. A veces resulta casi heroico practicarla. A mí me pasa que a pesar de la aridez no podría vivir sin ella. No hay más remedio que tomar una decisión total: madrugar mucho y en pura sequedad hacerla. Luego el Señor te premia con una gran paz interior durante el día, y vives en contacto con El.

Hemos de animarnos curas y obispos mutuamente a practicar la oración personal diaria. Pienso que los fracasos de nuestras vidas radican en no haber estado suficientemente convencidos del amor de Dios hacia nosotros, de ese amor inefable, infinitamente fiel, el único que puede hacernos felices. Creer en Dios es creer en la frase de San Juan: "Dios es amor".

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