A nuestros queridos obispos: Por amor de Dios, vamos a dejarnos de niñerías, ascensos, destacar en "lo profesional", honores y dignidades; que esto pasa y el tiempo es muy breve.
Pedir al Señor la verdadera conversión. Que el obispo sea hombre de Dios y estimule la santidad de los sacerdotes en una campaña seria, continua y constante. Yo desde mi rincón la seguiré fomentando con la ayuda de Dios. Me cuesta, pero como recordaba don Braulio: "cuando soy débil, soy fuerte". Sed sencillos y no andéis urgando conciencias. .
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