Don José María Conget era un obispo fervoroso. No tenía prisas junto a Jesús. Pensaba que mejor cinco minutos sin prisa que diez con agobio. Con el Señor en calma, porque Él es eterno. Comportarme delante de Él como lo que es. Soy obispo suyo. Soy sacerdote de sacerdotes.
He de transmitir a mis curas esta emoción que siento cuando estoy con Jesús cara a cara; que ellos también la sientan; sé que muchos ya la sienten. Crecer en el amor. Mantener mi afición a Él. Buscarlo en mis horas fijas con ganas. Y en mis tiempos libres con pasión. ¡Señor, que no sepa apartarme de ti! ¡Que consiga trasmitir esto a mis sacerdotes! Aprender a leer AMANDO. La lectura espiritual que sea para mí verdadera cita diaria de amor. Es un recreo.
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