A nuestros queridos obispos: Es bueno desahogar el alma con un sacerdote compañero, amigo mayor, hágalo usted también, que los obispos se encuentran casi siempre muy solos, aunque estén rodeados por muchos. En este sentido le diré que, según va pasando mi vida (cumplí ya los setenta y cinco) la oración a Dios más lógica es la de compunción y a la vez confianza en su misericordia. ¡Tantas gracias y tan continuas de Dios derramadas sobre mí, y yo sin saber aprovecharlas...
Muchos a mi edad ya eran santos de talla; ya habían pasado a la otra vida cargados de buenas obras. Javier, S. Juan de la Cruz, D. Manuel González, San Francisco de Sales y otros muchos no llegaron a los sesenta. Que no se vea su mérito disminuido por la vana gloria absurda. Fomente la compunción de corazón; verá qué paz tendrá en el alma y cómo le vendrá bien para amar a sus sacerdotes que son débiles como usted y como yo. . Ver la página: http://web.jet.es/mistica